Las siestas pueden aportar beneficios, pero su duración y frecuencia también ofrecen información sobre la salud en adultos mayores.
Siestas largas pueden alertar sobre problemas de salud

Siestas largas pueden alertar sobre problemas de salud

Las siestas forman parte de la rutina de muchas personas mayores y, cuando son breves, pueden ofrecer beneficios para la concentración, el estado de ánimo y la recuperación de energía. Sin embargo, un estudio reciente advierte que la duración y el momento del día en que se duerme podrían aportar información importante sobre el estado de salud.

Investigadores que siguieron durante años a más de 1.300 adultos mayores encontraron que las siestas prolongadas, frecuentes y especialmente las realizadas por la mañana se asocian con un mayor riesgo de mortalidad. Los especialistas aclaran que esto no significa que dormir la siesta sea perjudicial, sino que ciertos patrones pueden actuar como una señal de alerta para detectar enfermedades.

Las siestas cambian con el envejecimiento

Con el paso de los años, el sueño nocturno se vuelve más fragmentado. Los despertares son más frecuentes, disminuye el sueño profundo y muchas personas comienzan a acostarse y levantarse más temprano debido a cambios en los ritmos circadianos.

Como consecuencia, aumenta la necesidad de descansar durante el día para compensar las horas de sueño perdidas. Los expertos explican que una siesta corta, de entre 15 y 30 minutos, ayuda a mejorar la atención, el tiempo de reacción, el estado de ánimo e incluso puede favorecer el control de la presión arterial y el estrés.

Sin embargo, cuando las siestas superan regularmente los 30 minutos o se convierten en un hábito durante la mañana, la situación merece una evaluación médica más detallada.

Dormir demasiado durante el día puede ser una señal

El estudio publicado en JAMA Network Open encontró que quienes dormían siestas matutinas de forma habitual presentaban un riesgo de mortalidad aproximadamente un 30% mayor que quienes descansaban por la tarde. Además, cada hora adicional de siesta se relacionó con un incremento cercano al 13% en ese riesgo.

Los investigadores destacan que estos resultados muestran una asociación, pero no una relación de causa y efecto. Especialistas en sueño consideran que las siestas largas funcionan como un biomarcador capaz de revelar alteraciones del ritmo circadiano, enfermedades cardiovasculares o trastornos neurodegenerativos.

Diversas investigaciones también relacionan el aumento de la somnolencia diurna con un mayor riesgo de desarrollar demencia y señalan que este síntoma puede aparecer en etapas tempranas de enfermedades neurodegenerativas.

Por ello, los expertos recomiendan que los médicos incluyan preguntas sobre los hábitos de sueño durante las consultas de rutina. También aconsejan mantener horarios regulares, realizar actividad física por la mañana, exponerse a la luz natural y reservar las siestas únicamente para descansos breves cuando realmente sean necesarias.

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