La llegada de septiembre suele reactivar rumores sobre supuestos terremotos próximos en México. Las coincidencias históricas alimentan esta percepción, pero los registros científicos no permiten establecer que exista un mes especialmente propenso a movimientos de gran magnitud.
El Servicio Sismológico Nacional señala que los sismos no pueden predecirse. Actualmente no existe una herramienta capaz de determinar con anticipación y precisión la fecha, hora, ubicación y magnitud de un terremoto.
Sismos no pueden anticiparse con fecha y hora
Las publicaciones que aseguran conocer cuándo ocurrirá un movimiento suelen utilizar predicciones suficientemente amplias para relacionarlas posteriormente con algún evento. Fenómenos como las nubes, cambios corporales o determinadas condiciones meteorológicas tampoco permiten anticiparlos.
Otro mito frecuente sostiene que un gran terremoto ocurrido en Asia o Sudamérica puede desencadenar otro en México. Sin embargo, eventos separados geográficamente suelen responder a sistemas tectónicos diferentes y su cercanía temporal no demuestra una relación causal.
México registra actividad sísmica constantemente debido a su ubicación geológica. En su territorio interactúan las placas de Norteamérica, Cocos, Pacífico, Rivera y Caribe. Por ello, numerosos movimientos pequeños forman parte del comportamiento habitual de estas estructuras.
La creencia sobre septiembre está relacionada principalmente con la memoria colectiva. Dos terremotos particularmente destructivos ocurrieron el 19 de septiembre de 1985 y 2017.
Septiembre no concentra los movimientos más fuertes
Un análisis de la Universidad Iberoamericana revisó el catálogo del Servicio Sismológico Nacional entre enero de 1990 y septiembre de 2026. Durante ese periodo identificó 329 movimientos de magnitud 6 o superior.
Septiembre acumuló 28 eventos de esas características. En comparación, diciembre registró 38, junio 35 y abril 32. Los datos no permiten establecer una relación entre un mes determinado y una mayor actividad sísmica.
Los animales tampoco ofrecen un método confiable de predicción. El Servicio Geológico de Estados Unidos explica que algunos pueden detectar la onda P segundos antes de que las personas perciban las ondas más intensas. Esa capacidad proporciona apenas segundos de diferencia y no permite anticipar un terremoto con horas, días o semanas.
Ante la imposibilidad de saber cuándo ocurrirá un movimiento, la preparación continúa siendo fundamental. Durante una alerta deben seguirse los protocolos y rutas establecidas. Si el movimiento comienza antes de evacuar, conviene dirigirse a una zona de menor riesgo, mantenerse lejos de ventanas y objetos que puedan caer y evitar elevadores.
La actividad sísmica ocurre durante todo el año. Consultar fuentes oficiales y conocer los protocolos de protección resulta más útil que confiar en predicciones difundidas sin evidencia.