Escuchar un cambio en la forma de hablar, detectar aislamiento o tomar en serio una modificación repentina del comportamiento puede abrir una oportunidad para buscar ayuda. Especialistas insisten en que la atención no debe comenzar únicamente cuando una persona atraviesa una emergencia.
En México, la prevención del suicidio cobra especial importancia entre adolescentes y adultos jóvenes. La información de referencia señala que durante 2025 se registraron 8 mil 709 suicidios y que 3 mil 318 correspondieron a personas de 15 a 29 años. La OMS advierte que el fenómeno es complejo y responde a múltiples factores, por lo que no puede atribuirse a una única causa.
Prevención del suicidio comienza al reconocer las señales
Omar Plascencia Reyes, orientador técnico médico de la Unidad Deportiva Fidel Velázquez, señala que una acumulación de estrés puede reducir la capacidad para afrontar determinadas situaciones. Entre los factores que pueden incrementar el riesgo también menciona consumo de sustancias, enfermedades, pérdidas y rupturas de pareja.
La OMS incluye entre los factores asociados el aislamiento, los problemas relacionados con alcohol o drogas, el dolor o las enfermedades crónicas, experiencias de violencia y situaciones de intenso sufrimiento emocional. También identifica los intentos previos como un factor de riesgo importante.
Algunas señales requieren atención, como cambios intensos de ánimo, aislamiento, pérdida de interés por actividades habituales, alteraciones del sueño o alimentación y expresiones relacionadas con desesperanza o deseos de morir. Ninguna señal permite predecir por sí sola lo que ocurrirá, pero sí puede indicar que una persona necesita apoyo.
Preguntar directamente puede ayudar a abrir una conversación
Ante comportamientos preocupantes, preguntar de manera directa si una persona piensa en suicidarse no introduce esa idea ni aumenta el riesgo. La OMS señala que hablar abiertamente puede reducir la ansiedad y favorecer que alguien se sienta comprendido.
El acompañamiento de familiares, amistades, docentes y comunidades puede ayudar a conectar a una persona con atención especializada. Sin embargo, estas redes no sustituyen la intervención profesional cuando existe riesgo.
La información proporcionada por HOPE destaca especialmente a los jóvenes. Entre las personas de 15 a 29 años fallecidas por suicidio durante 2025, 75% fueron hombres y 25% mujeres. La organización plantea que escuelas, universidades, familias y centros laborales necesitan herramientas para reconocer el malestar y establecer rutas claras de atención.
El problema tampoco debe reducirse exclusivamente a diagnósticos de depresión o ansiedad. La OMS explica que muchas personas con problemas de salud mental no presentan conductas suicidas y que algunas personas que mueren por suicidio no tenían un trastorno mental diagnosticado.
Cuando existe riesgo inmediato, la prioridad es mantener acompañada a la persona y contactar servicios de emergencia o profesionales de salud. La identificación temprana, la evaluación, el tratamiento y el seguimiento forman parte de las intervenciones recomendadas internacionalmente para reducir las muertes.