Ropa interior utilizada para estudiar la salud del suelo
Enterrar prendas de algodón puede parecer un experimento poco convencional, pero también puede ofrecer información sobre la actividad biológica del suelo. Una investigación realizada en Suiza convirtió esta curiosa prueba en una herramienta científica a gran escala.
Los investigadores enterraron más de mil prendas de ropa interior de algodón en campos y jardines. Dos meses después analizaron cuánto tejido había desaparecido y encontraron una relación clara: cuanto mayor era la descomposición, mayor era la actividad biológica asociada con un suelo saludable.
El principio del experimento resulta sencillo. El algodón contiene principalmente celulosa, un material que numerosos microorganismos del suelo pueden degradar. Una mayor pérdida de tejido permite observar indirectamente qué tan activa es esa comunidad biológica.
La investigación recibió uno de los Ig Nobel, premios creados en 1991 para reconocer trabajos científicos que, según su lema, primero hacen reír y después hacen pensar.
La edición también reconoció un estudio desarrollado en Singapur sobre una especie de cucaracha que produce cristales de proteína para alimentar a sus crías. Este alimento contiene más energía por gramo que la leche de otros animales, incluida la de vaca.
Entre las investigaciones reconocidas aparece un análisis sobre el posible origen evolutivo del beso en la boca. Sus autores lo sitúan entre 21.5 y 16.9 millones de años atrás, en un ancestro común de los grandes simios, y plantean que los neandertales también pudieron besarse.
Otro equipo aplicó física de fluidos y ecuaciones diferenciales al diseño de urinarios. Los investigadores determinaron que un ángulo de impacto de 30 grados o menos reduce considerablemente las salpicaduras.
A partir de los resultados desarrollaron los modelos Cornucopia y Nautilus. Este último también contempla su utilización por niños y personas en silla de ruedas.
El premio de Economía reconoció siete experimentos sobre comportamiento y clase social. El trabajo encontró una mayor probabilidad de incumplir determinadas normas entre participantes pertenecientes a clases sociales altas.
También fueron distinguidos estudios sobre el cambio en la percepción del olor de los hijos entre la infancia y la adolescencia, así como una investigación sobre las características que las personas valoran en sus amistades.
Los galardones incluyeron incluso un estudio japonés de 1977 sobre la manera de sonarse la nariz. Otro premio correspondió a una investigación sobre el comportamiento defensivo de la serpiente Bothrops jararaca, aunque ese trabajo había sido retractado por violaciones éticas relacionadas con el manejo de animales.
Más allá del componente humorístico, estas investigaciones muestran que preguntas aparentemente extravagantes pueden utilizar métodos científicos para estudiar microbiología, evolución, comportamiento humano o ingeniería.
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