Hongos de Chernóbil frente a la radiación
Décadas después del desastre nuclear de Chernóbil, científicos siguen estudiando un fenómeno sorprendente: algunos hongos oscuros no solo sobreviven en ambientes con altos niveles de radiación, sino que parecen crecer mejor cuando están expuestos a ella. Esta capacidad podría abrir nuevas posibilidades para proteger a astronautas durante misiones espaciales.
En 1997, la investigadora Nelli Zhdanova encontró moho negro colonizando paredes, techos y conductos dentro de las instalaciones afectadas por la explosión del reactor cuatro. Estudios anteriores ya habían observado que ciertos hongos crecían en dirección a partículas radiactivas.
Los científicos denominaron «radiotropismo» a este comportamiento. El hallazgo llamó especialmente la atención porque la radiación ionizante puede dañar proteínas y ADN, provocar mutaciones y destruir células.
Una posible explicación se encuentra en la melanina, pigmento presente en las paredes celulares de estos hongos y responsable de su tonalidad oscura. Además de absorber radiación, funciona como antioxidante y puede ayudar a neutralizar moléculas reactivas producidas por la exposición radiactiva.
En 2007, Ekaterina Dadachova, entonces investigadora del Colegio de Medicina Albert Einstein de Nueva York, llevó la hipótesis más lejos. Su equipo observó que hongos melanizados crecían alrededor de 10% más rápido cuando estaban expuestos a cesio radiactivo que aquellos cultivados sin esa radiación.
Los investigadores plantearon entonces que estos organismos podrían aprovechar parte de esa energía para favorecer su metabolismo. Dadachova llamó «radiosíntesis» al proceso propuesto.
La hipótesis recuerda a la fotosíntesis de las plantas, aunque utiliza una fuente energética completamente diferente. Sin embargo, la radiosíntesis todavía no está demostrada: los investigadores necesitan identificar el mecanismo preciso mediante el cual la melanina podría transformar la radiación ionizante en energía aprovechable.
El descubrimiento también despertó interés por sus posibles aplicaciones fuera de la Tierra. Los astronautas están expuestos a radiación cósmica que puede aumentar los riesgos para la salud durante misiones prolongadas, especialmente lejos de la protección del campo magnético terrestre.
Por ello, científicos han considerado utilizar hongos melanizados como parte de sistemas de protección biológica. Una barrera basada en estos organismos podría absorber parte de la radiación y, potencialmente, renovarse mediante su propio crecimiento.
La idea todavía se encuentra en investigación y quedan preguntas importantes. No todos los hongos melanizados reaccionan igual: un estudio encontró que solo nueve de 47 especies recolectadas en Chernóbil crecieron hacia una fuente de cesio-137.
Aun así, estos organismos muestran cómo la vida puede adaptarse a condiciones que parecían incompatibles con ella. Lo que comenzó como un inesperado hallazgo entre las ruinas de Chernóbil podría contribuir algún día al desarrollo de nuevas formas de protección frente a la radiación.
Solo una de cada seis millones de personas tiene sangre Rh nula, uno de los…
La energía solar podría estar cerca de un nuevo salto tecnológico. Las células fabricadas con…
Emma Teni pasa sus jornadas manipulando algunas de las arañas más peligrosas del mundo. En…
Un controvertido proyecto científico busca construir desde cero componentes fundamentales del ADN humano, una posibilidad…
La caminata japonesa se ha convertido en una tendencia de fitness por ofrecer una rutina…
Algunos jóvenes adultos están sustituyendo el alcohol por medicamentos de prescripción y sustancias experimentales para…