Distimia y tristeza persistente
Sentirse triste durante tanto tiempo que el desánimo comienza a percibirse como parte de la personalidad puede dificultar reconocer que existe un problema. Algunas personas mantienen sus responsabilidades durante años mientras sienten que nunca consiguen estar completamente bien.
La Distimia es un trastorno depresivo persistente y crónico. Armando Coronel Manzo, del Programa de Salud Mental para la Facultad de Medicina de la UNAM, explica que debe mantenerse al menos dos años en adultos y un año en menores de 18 años para cumplir con el criterio temporal.
Entre sus características se encuentra una tristeza prolongada acompañada de dificultades para disfrutar plenamente la vida. También pueden presentarse cambios en el apetito y el sueño, problemas de concentración y lentitud en el pensamiento.
Ana Carolina Rodríguez Machain, académica de la Facultad de Medicina de la UNAM, señala otros posibles síntomas, como baja autoestima, sensación de fracaso y pensamientos recurrentes de insuficiencia o incapacidad.
El malestar también puede expresarse mediante insomnio, dolores de cabeza o problemas gastrointestinales. En adolescentes, la irritabilidad puede convertirse en una manifestación particularmente importante.
Su origen puede involucrar diferentes factores. La predisposición genética y los antecedentes familiares de depresión pueden aumentar el riesgo, pero también influyen experiencias personales y sociales.
Antecedentes de abuso, maltrato, negligencia emocional o rechazo familiar durante la infancia pueden intervenir en su desarrollo. El aislamiento, la soledad y una escasa integración escolar o comunitaria también aparecen entre los factores señalados.
Una diferencia importante frente a la depresión mayor está en la intensidad y el funcionamiento cotidiano. Una persona con Distimia puede seguir estudiando, trabajando y atendiendo sus responsabilidades pese al desánimo persistente.
La depresión mayor suele presentar episodios más intensos que pueden interferir considerablemente con las actividades habituales. Esto no significa que el trastorno persistente sea menos importante.
Los especialistas advierten que puede generar deterioro en las relaciones familiares, académicas, laborales y sociales. Precisamente porque algunas personas continúan funcionando, el problema puede permanecer oculto y retrasar la búsqueda de atención.
El diagnóstico requiere una evaluación profesional y no puede establecerse únicamente por reconocer algunos síntomas. Un especialista en salud mental debe valorar su duración, persistencia, intensidad y repercusiones, además de descartar otras posibles explicaciones, como determinadas enfermedades o un proceso de duelo.
Reconocer que una tristeza prolongada está afectando la vida diaria puede ser el primer indicio de que merece atención profesional, aunque la persona todavía consiga cumplir con sus actividades habituales.
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