La gerontocracia se ha convertido en un factor decisivo para entender cómo se distribuyen el poder, la riqueza y las oportunidades entre generaciones en Estados Unidos. El envejecimiento demográfico ya no afecta únicamente a quién ocupa la Casa Blanca o el Congreso.
La mayor esperanza de vida permite que millones de personas permanezcan activas durante más años. Sin embargo, también prolonga su presencia en puestos políticos, empleos privilegiados, mercados financieros y propiedades, mientras las generaciones jóvenes encuentran mayores obstáculos para avanzar.
Gerontocracia y concentración del poder
Joe Biden y Donald Trump hicieron especialmente visible el debate sobre la edad de los dirigentes. No obstante, reducir el fenómeno a presidentes mayores oculta una transformación mucho más profunda.
Los votantes de mayor edad participan proporcionalmente más en elecciones, primarias y procesos locales. Además, los grandes donantes políticos suelen pertenecer a generaciones mayores, fortaleciendo su capacidad para determinar prioridades públicas.
La desigualdad también aparece en el patrimonio. Durante aproximadamente dos décadas alrededor del año 2000, los hogares encabezados por mayores de 65 años aumentaron 42% su patrimonio neto mediano. Entre adultos de 18 a 34 años cayó 68%.
Asimismo, la permanencia laboral prolongada puede bloquear oportunidades profesionales. Entre 1979 y 2018, la diferencia salarial entre trabajadores mayores de 55 años y menores de 35 aumentó 61%.
Vivienda y riqueza amplían la brecha generacional
El mercado inmobiliario refleja otra dimensión del problema. Más del 80% de las personas entre 70 y 74 años poseen vivienda. Mientras tanto, la edad mediana del comprador pasó de poco más de 30 años en 1981 a 53 en 2022.
El desafío no consiste simplemente en enfrentar jóvenes contra mayores. La gerontocracia surge también como consecuencia inesperada de avances positivos, especialmente una vida más larga y saludable.
El debate apunta hacia límites de edad para determinados cargos, mayor participación electoral juvenil y políticas que faciliten transferencias patrimoniales entre generaciones. También plantea preservar la protección social sin concentrar recursos públicos exclusivamente en adultos mayores.
La cuestión central será construir un equilibrio que proteja la vejez sin cerrar oportunidades a quienes comienzan su vida económica y política.