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El azúcar acompañó la evolución del cerebro humano

El azúcar tuvo un papel decisivo en la evolución humana mucho antes de convertirse en un ingrediente abundante de la alimentación moderna. Una revisión publicada en Science reconstruye cómo cambiaron las necesidades de glucosa mientras aumentaban el cerebro, el metabolismo y las exigencias reproductivas.

Los primeros homininos obtenían gran parte de su energía de frutas y otros alimentos dulces. Con una dieta cada vez más omnívora, la carne ganó presencia, pero los carbohidratos siguieron siendo esenciales para sostener órganos con elevada demanda energética.

El azúcar siguió siendo esencial para un cerebro mayor

Las investigadoras combinaron evidencias sobre dieta, metabolismo, isótopos fósiles, dientes y genética. Su modelo recorre seis etapas evolutivas, desde el ancestro compartido con los chimpancés hasta Homo sapiens.

Durante ese recorrido, el cerebro pasó de unos 300 gramos a cerca de 1.500. Paralelamente, disminuyeron mandíbula, dientes e intestino, mientras aparecieron adaptaciones relacionadas con el consumo y procesamiento de carbohidratos.

El modelo estima que los ancestros comparables con chimpancés disponían de unos 400 gramos diarios de carbohidratos. En humanos modernos, la cifra ronda 230 gramos. Sin embargo, actualmente el cerebro representa apenas 2% del peso corporal y consume aproximadamente 20% de la energía destinada a funciones vitales.

La reproducción aumenta especialmente la demanda de glucosa

Las necesidades estimadas alcanzan entre 150 y 200 gramos diarios de glucosa en hombres y unos 125 gramos en niños. En mujeres durante la etapa reproductiva pueden llegar hasta 200 o 250 gramos diarios.

La explicación incluye las necesidades energéticas de placenta, feto y glándulas mamarias durante embarazo y lactancia. Las autoras consideran esta etapa especialmente relevante para comprender la evolución humana.

Sin embargo, esa necesidad biológica no justifica el consumo elevado de productos refinados. Los dulces y snacks actuales aportan azúcares en condiciones muy diferentes a frutas y alimentos vegetales tradicionales, además de ofrecer pocos micronutrientes.

La investigadora Marina Lozano considera que el modelo respalda la importancia conjunta de proteínas, grasas animales y glucosa vegetal. No obstante, cuestiona algunas estimaciones sobre el uso temprano del fuego. Evidencias arqueológicas indican que especies con cerebros de entre 1.000 y 1.200 centímetros cúbicos pudieron desarrollarse sin cocinar sistemáticamente alimentos ricos en almidón.

¿Interesado en el tema? Mira también: Menopausia y peso, dos dietas destacan frente a otras opciones
REDACCIÓN

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