En las escuelas públicas de México, la clase de educación física se juega mucho más que un marcador. Representa la frontera entre una visión comercial del cuerpo y una apuesta integral por el bienestar, la identidad y la cultura física nacional. A pesar de su importancia, este espacio enfrenta una precariedad estructural que pone en riesgo su verdadero potencial pedagógico.
En los últimos meses, diversas voces del ámbito académico y docente han coincidido en que la educación física se encuentra atrapada entre el abandono institucional y el oportunismo empresarial. La carencia de infraestructura adecuada, la falta de docentes especializados y la reducción horaria son síntomas de una política educativa que ha desestimado el papel transformador de esta materia.
Sin embargo, también hay señales de cambio: iniciativas comunitarias y enfoques pedagógicos alternativos están revitalizando su función formativa.
Un derecho en movimiento: la educación física en debate
La educación física no puede reducirse a entrenamientos atléticos ni a competencias escolares. Es una herramienta para fomentar habilidades sociales, salud emocional y conciencia corporal desde edades tempranas. Cuando se aplica con enfoque cultural y pedagógico, permite reconocer saberes locales, promover la inclusión y resistir estereotipos que históricamente han excluido a niñas, jóvenes indígenas o personas con discapacidad.
El reciente debate sobre su rol en el currículo nacional demuestra que no se trata solo de una asignatura más, sino de un espacio donde también se construye ciudadanía. La defensa de la educación física como un derecho educativo y cultural urge políticas públicas que escuchen a quienes la imparten y la viven diariamente. No se trata de elegir entre salud o formación académica: ambas convergen en un aula donde el movimiento enseña.
