El anhelo de acceder a la educación superior sigue siendo uno de los grandes motores sociales en México. Sin embargo, para miles de jóvenes este año, esa aspiración se ha topado con un límite preocupante: la falta de espacios en las universidades públicas. En la Universidad de Colima, solo 4,107 aspirantes lograron ingresar de los 13,723 que presentaron examen de admisión, lo que dejó fuera a 9,616 jóvenes colimenses.
Esta brecha evidencia un fenómeno estructural que se repite cada ciclo escolar en múltiples estados del país. La demanda por una formación universitaria sigue creciendo, mientras la capacidad instalada de muchas instituciones se mantiene estancada. Esta desconexión entre aspiraciones y oferta plantea un desafío urgente para las políticas públicas educativas.
Falta de espacios, no de talento
Desde la rectoría de la Universidad de Colima se ha reiterado que el límite no está en la voluntad institucional, sino en la necesidad de asegurar calidad, pertinencia y sostenibilidad en la educación superior. Para el rector Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño, incrementar cupos sin fortalecer la infraestructura, el cuerpo docente o los programas académicos, comprometería la formación de quienes sí logran ingresar.
Por eso, la solución no debe recaer únicamente en las universidades, sino en una articulación estratégica con gobiernos estatales y federales que permita ampliar la cobertura educativa de forma progresiva y con visión de futuro. La expansión de modalidades híbridas, carreras técnicas y alianzas con instituciones tecnológicas pueden ofrecer vías alternativas para responder a esta demanda.
En agosto de 2025, se confirmó que el 99.97% de los estudiantes admitidos en la Universidad de Colima son originarios del estado, lo que subraya la necesidad de atender la demanda local con políticas más robustas y equitativas.
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