"Pelotas de Neptuno" y contaminación por microplásticos
«Pelotas de Neptuno» atrapan el plástico del Mediterráneo

«Pelotas de Neptuno» atrapan el plástico del Mediterráneo

Las praderas de Posidonia oceanica cumplen una función inesperada frente a la contaminación marina. Sus fibras forman unas estructuras conocidas como «pelotas de Neptuno», capaces de atrapar fragmentos de plástico del fondo del Mediterráneo y transportarlos hasta las playas.

Investigadores de la Universidad de Barcelona estudiaron este fenómeno y estimaron que las praderas marinas pueden capturar cerca de 900 millones de fragmentos de plástico cada año en el Mediterráneo.

La Posidonia oceanica reduce la velocidad de las corrientes, favorece la acumulación de sedimentos y carbono y proporciona refugio a numerosas especies. Pero esta misma capacidad también provoca que los residuos plásticos queden atrapados entre sus hojas.

El problema tiene una enorme dimensión: entre 1.15 y 2.41 millones de toneladas de plástico llegan anualmente al mar desde los ríos.

Cómo las «pelotas de Neptuno» concentran microplásticos

Cada otoño, la posidonia pierde parte de sus hojas. Sus fibras, ricas en lignina y resistentes a la degradación, se entrelazan con el movimiento del agua hasta formar bolas compactas. Durante este proceso también incorporan residuos acumulados en las praderas.

En 2018 y 2019, investigadores analizaron muestras recogidas en cuatro playas de Mallorca: Sa Marina, Son Serra de Marina, Costa dels Pins y Es Peregons Petits.

Encontraron residuos plásticos en la mitad de las muestras formadas por hojas sueltas, con hasta 600 fragmentos por kilogramo. Solo 17% de las bolas analizadas contenía plástico, pero aquellas que lo atrapaban concentraban casi 1,500 piezas por kilogramo.

Las estructuras más compactas mostraron una mayor capacidad para retener estos materiales. Algunas incluso incorporaban residuos de mayor tamaño, como toallitas húmedas, tampones y productos sanitarios.

El mar devuelve parte de los residuos a las costas

Las tormentas, las mareas y el movimiento del agua pueden desprender estas bolas del fondo. Algunas terminan en zonas más profundas, mientras otras llegan hasta las playas transportando los residuos atrapados.

Anna Sánchez-Vidal, autora principal de la investigación, explica que el fenómeno puede interpretarse como una forma en que el mar devuelve parte de la basura que llegó hasta sus ecosistemas. Sin embargo, advierte que estas estructuras naturales no representan una solución para limpiar los océanos.

Los especialistas tampoco recomiendan retirar las bolas que llegan a las playas. Allí aportan humedad y nutrientes y forman parte del funcionamiento natural del ecosistema costero.

Su conservación resulta especialmente importante porque las praderas marinas están retrocediendo. La superficie mundial cubierta por estas plantas ha disminuido aproximadamente 29% desde finales del siglo XIX. La contaminación, el desarrollo costero, las especies invasoras, el calentamiento del océano y el aumento del nivel del mar amenazan su supervivencia.

Además de retener sedimentos y carbono, estas praderas mejoran la calidad del agua, protegen las costas y funcionan como refugio y zona de reproducción para especies marinas.

Por ello, los investigadores insisten en que utilizarlas como filtros no resolverá la contaminación. La respuesta debe comenzar antes de que los residuos alcancen el océano: reducir la producción y evitar que el plástico llegue al mar.

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