Joseph Lister y el origen de la cirugía antiséptica
Joseph Lister, el médico que revolucionó la cirugía

Joseph Lister, el médico que revolucionó la cirugía

En el siglo XIX, entrar a un quirófano podía ser más peligroso que la propia enfermedad. Las infecciones posteriores a una operación eran frecuentes y la mortalidad en cirugías mayores o amputaciones rondaba el 40%, mientras en algunos hospitales franceses alcanzaba el 60%.

Los cirujanos rara vez limpiaban sus instrumentos o se lavaban las manos. Ignaz Semmelweis ya había demostrado en 1847 que el lavado con una solución de cal clorada podía reducir la mortalidad en salas de maternidad del 18.3% al 2%, pero gran parte de la comunidad médica rechazó sus conclusiones.

Ese mismo año, Joseph Lister presenció las consecuencias de esta realidad. John Phillips Potter, uno de sus profesores, murió de septicemia después de hacerse una pequeña herida mientras diseccionaba un cadáver infectado.

Años después, aquella preocupación llevaría a Lister a transformar para siempre la práctica quirúrgica.

Joseph Lister encontró una barrera contra las infecciones

Lister observaba que las fracturas que rompían la piel tenían muchas más probabilidades de terminar en gangrena y amputación. La explicación comenzó a tomar forma cuando conoció los experimentos de Louis Pasteur, quien había demostrado que microorganismos invisibles intervenían en procesos como la fermentación y la putrefacción.

El cirujano planteó que esos microbios también podían contaminar las heridas. Si conseguía impedir su entrada o destruirlos, quizás podría evitar las infecciones.

En 1865 puso a prueba la hipótesis con James Greenlees, un niño de 11 años atropellado por un carruaje en Glasgow. El menor llegó al hospital con una grave fractura expuesta en la pierna.

Lister utilizó una solución de ácido carbólico al 5%, entonces empleada para limpiar alcantarillados. Ordenó desinfectar manos, instrumentos, ropa y heridas, además de cubrir la lesión con un vendaje tratado con la misma sustancia.

Seis semanas después, Greenlees salió del hospital completamente recuperado.

El método que abrió las puertas de la cirugía moderna

Tras tratar 11 casos similares, nueve de ellos sin infección, Lister publicó en The Lancet en 1867 su nuevo método para tratar fracturas compuestas.

La antisepsia permitió realizar procedimientos que anteriormente suponían un enorme riesgo. Los médicos pudieron drenar abscesos, practicar incisiones y abordar operaciones más complejas con mayores posibilidades de supervivencia.

La propuesta encontró inicialmente una fuerte resistencia, especialmente en Reino Unido y Estados Unidos. Sin embargo, Lister continuó perfeccionando sus técnicas. Para 1871, su prestigio era tal que la reina Victoria recurrió a él para extirparse un tumor del brazo.

Durante la década de 1870, sus métodos se extendieron por Europa y posteriormente llegaron a Estados Unidos. Allí inspiraron desarrollos que permanecen hasta nuestros días. Joseph Joshua Lawrence creó un antiséptico llamado Listerine en su honor, mientras Robert Wood Johnson y sus hermanos fundaron Johnson & Johnson para fabricar apósitos y suturas estériles.

Para finales del siglo XIX, el lavado de manos, la esterilización de instrumentos y posteriormente los guantes de goma habían cambiado los quirófanos.

La cirugía dejó de ser una práctica limitada por el temor constante a las infecciones. El trabajo de Lister convirtió los principios microbiológicos de Pasteur en medidas concretas para proteger a los pacientes y marcó uno de los grandes puntos de inflexión de la medicina moderna.

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