Hablar de educación en México ya no despierta el entusiasmo colectivo de otras décadas. Una reciente encuesta de Ipsos 2025 muestra que 48% de la población considera malo el sistema educativo nacional, mientras que 34% lo califica como regular. No se trata solo de una crisis de desempeño, sino de confianza. La educación, que antes simbolizaba esperanza y movilidad social, hoy aparece desdibujada frente a las nuevas realidades demográficas y sociales.
El país enfrenta una transición silenciosa: cada vez nacen menos niñas y niños. Este cambio ya impacta las aulas. Según el estudio, 38% de los mexicanos cree que el número de estudiantes en sus comunidades disminuirá en los próximos cinco años. Esta expectativa se alinea con la caída de la fecundidad y el envejecimiento poblacional. Sin embargo, menos estudiantes no significan menos obligaciones.
Educación básica: menos matrícula, mayores decisiones
La reducción de la matrícula escolar debe interpretarse como una oportunidad estratégica. Con menos alumnos por grupo, las condiciones están dadas para personalizar la enseñanza, mejorar la infraestructura y fortalecer las trayectorias escolares. Pero existe un riesgo latente: que esta transformación se utilice para justificar recortes presupuestales, cerrar escuelas o reducir el número de docentes, debilitando aún más un sistema ya cuestionado.
Por otro lado, esta nueva realidad también demanda políticas centradas en el aprendizaje, no solo en la cobertura. Se requiere fortalecer la formación docente, garantizar materiales adecuados y asegurar que la escuela vuelva a ser un espacio de posibilidad.
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