Pese a su sencillez, el Padre Francisco José de Roux Rengifo, S.J. no pasó desapercibido mientras caminaba rumbo al Auditorio Fernando Bustos de la Universidad Iberoamericana, en donde se reunió con la prensa, previo a la entrega del Doctorado Honoris Causa que le otorgó este martes 20 de junio el Sistema Universitario Jesuita (SUJ).

No obstante que vivió los horrores de un conflicto armado que sumió a Colombia en una guerra interna de 60 años y de haber escuchado las historias más desgarradoras tanto de parte de las víctimas, como de lado de las y los perpetradores, la presencia del Padre de Roux emana calma y tranquilidad.

Desde esa ecuanimidad y con la experiencia de décadas trabajando por la paz en el Magdalena Medio, uno de los epicentros del conflicto en Colombia, nos dice: “Ojalá se llegué en México a comprender que la salida nunca son las armas, nunca, ni de parte del Estado, ni de parte de la sociedad civil, las armas llevan a la guerra, todo lo que la guerra toca lo daña, todo”.

“Nosotros lo aprendimos en Colombia porque no fuimos capaces de solucionar un problema que era político y social, que había que solucionarlo por una negociación, en la cual hay que ceder, se negocia para llegar a un acuerdo, y como no lo pudimos solucionar así, decidimos solucionarlo con las armas”, menciona el sacerdote jesuíta, quien presidió la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición.

¿Cuáles son los conflictos no negociados a los que hace referencia?

Históricamente, durante el siglo XIX, cuando muchos países en Latinoamérica alcanzaron su independencia, vivieron luchas internas entre conservadores y liberales; por desgracia, esos conflictos continuaron en Colombia hasta el siglo XX, teniendo su periodo más álgido entre 1920 y 1960, en una etapa recordada por las y los colombianos como “La Violencia”.

Esas disputas políticas entre simpatizantes del Partido Liberal y del Conservador, que pudieron arreglarse por la vía de la negociación, como menciona el Padre de Roux, generaron una gran inestabilidad económica y social que fue el medio ideal para el desarrollo de grupos guerrilleros que comenzaron a surgir en los 60 y que junto a nuevos actores, como paramilitares y cárteles del narcotráfico, desataron dolorosos episodios de violencia en Colombia.

Fuente: Ibero

REDACCIÓN

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