Venenos marinos impulsan nuevas investigaciones médicas
La búsqueda de nuevos medicamentos podría encontrar respuestas en organismos que habitan los océanos desde hace millones de años. Investigadores de la Universidad de Harvard estudian actualmente compuestos presentes en especies venenosas para desarrollar tratamientos contra enfermedades complejas como el cáncer y el dolor crónico.
Al frente de estas investigaciones se encuentra Mandë Holford, profesora de Biología Organísmica y Evolutiva de Harvard y curadora de malacología del Museo de Zoología Comparada. Su trabajo se enfoca en comprender cómo ciertas toxinas naturales pueden transformarse en herramientas terapéuticas para la medicina moderna.
La científica sostiene que estos organismos representan auténticas fábricas biológicas de compuestos con potencial farmacológico. Además, destaca que la evolución ha perfeccionado estos mecanismos durante más de 500 millones de años.
El interés de Holford se centra especialmente en los caracoles marinos venenosos y en los cefalópodos. Estas especies utilizan sofisticados sistemas de defensa y caza basados en toxinas capaces de atacar procesos biológicos específicos con gran precisión.
Los caracoles emplean una estructura similar a un arpón para inyectar veneno a sus presas. Algunas especies incluso liberan compuestos relacionados con la insulina para alterar el metabolismo de los peces antes de inmovilizarlos.
Según la investigadora, actualmente existen alrededor de 220 mil especies venenosas identificadas en el planeta. Entre ellas figuran medusas, anémonas, erizos de mar, pulpos y diversos moluscos marinos. Muchas producen péptidos con propiedades que podrían contribuir al desarrollo de medicamentos innovadores.
En 2019, el equipo de Holford descubrió que un péptido denominado Tv1, proveniente de un caracol de la familia Terebridae, logró inhibir la proliferación de células de cáncer hepático en estudios de laboratorio. La investigación continúa y ya cuenta con protección mediante patente.
Actualmente, siete medicamentos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos tienen origen en compuestos derivados de venenos animales. Entre ellos figura Ziconotide, un analgésico no opioide desarrollado a partir de toxinas producidas por caracoles cono.
Asimismo, investigaciones posteriores permitieron desarrollar tratamientos como Bivalirudin, utilizado como anticoagulante, y contribuyeron al conocimiento científico que dio origen a terapias modernas para diversas enfermedades.
Holford también impulsa VenomsBase, una plataforma internacional que reúne información sobre venenos animales para facilitar nuevas investigaciones. Además, promueve programas educativos destinados a despertar vocaciones científicas entre estudiantes y grupos históricamente subrepresentados en la ciencia.
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