La malaria infantil aumenta en regiones frías de África mientras los programas sanitarios limitan el impacto del cambio climático.
El cambio climático eleva el riesgo de malaria en África

El cambio climático eleva el riesgo de malaria en África

El aumento de las temperaturas y las precipitaciones extremas probablemente está favoreciendo la expansión de la malaria infantil en algunas regiones de África. Una investigación de la Universidad de Yale concluyó que el impacto resulta más evidente en zonas tradicionalmente frías del este y sur del continente.

Los programas de prevención y erradicación, sin embargo, han contrarrestado ampliamente ese efecto. Según los investigadores, las intervenciones sanitarias han superado la influencia climática por un margen aproximado de 200 a uno.

La malaria avanza hacia regiones africanas más frías

El equipo analizó una extensa base de datos sobre casos infantiles desde principios del siglo XX. Después creó un modelo para medir cómo la temperatura, las inundaciones y las sequías modifican la transmisión de la enfermedad.

Los científicos aplicaron un método llamado atribución de impactos. Esta herramienta compara el mundo actual con escenarios hipotéticos sin calentamiento causado por actividades humanas.

Durante la última década, el cambio climático habría generado aproximadamente un caso adicional por cada mil niños africanos. La cifra continental contiene incertidumbre, porque las condiciones varían considerablemente entre regiones.

Los mosquitos dependen de la temperatura ambiental y transmiten la enfermedad con mayor eficiencia cerca de los 25 grados Celsius. Por ello, el calentamiento aumenta el riesgo en lugares frescos, pero puede reducirlo ligeramente en territorios que ya presentan temperaturas demasiado altas.

La erradicación mantiene una ventaja decisiva

En África oriental y meridional, las condiciones favorables para los mosquitos podrían extenderse hacia áreas que antes registraban pocos contagios. En cambio, algunas zonas de África occidental podrían experimentar una reducción moderada de la transmisión.

Los investigadores calculan que cumplir el Acuerdo de París podría evitar alrededor de cinco casos por cada mil niños en las regiones orientales y meridionales.

Colin Carlson, epidemiólogo de Yale, destacó que reducir las emisiones protegería especialmente a las comunidades ubicadas en zonas frescas. También sostuvo que eliminar la enfermedad sigue siendo posible incluso en un planeta más cálido.

El estudio confirma que el clima redistribuye el riesgo, pero la pobreza, el acceso a servicios médicos, los mosquiteros y los tratamientos continúan teniendo un peso mucho mayor. Mantener la inversión sanitaria seguirá siendo la herramienta más efectiva para reducir contagios y muertes infantiles.

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