La violencia armada y las muertes autoinfligidas parecen seguir ciclos anuales similares en Estados Unidos. Una investigación encontró que sus puntos máximos ocurren con pocos días de diferencia durante el verano, aunque esa coincidencia no demuestra que exista una relación causal.
El estudio analizó miles de tiroteos masivos y suicidios para determinar si ambos fenómenos presentan variaciones estacionales. Los resultados podrían ayudar a planificar estrategias preventivas y reforzar recursos sanitarios durante determinadas épocas del año.
Suicidios alcanzan su máximo cerca del pico de tiroteos
Mark Czeisler, investigador de Harvard Medical School y médico residente en Brigham and Women’s Hospital, encabezó el trabajo publicado en Journal of Biological Rhythms.
El equipo estudió datos públicos sobre 3,305 tiroteos masivos y 360,827 muertes por suicidio registradas entre enero de 2014 y octubre de 2021.
Los investigadores encontraron que los máximos anuales de ambos fenómenos aparecen con pocos días de diferencia entre finales de junio y julio. Sus niveles más bajos se concentran durante el invierno, entre diciembre y febrero.
La magnitud de las variaciones, sin embargo, resulta muy diferente. Los tiroteos masivos mostraron una diferencia de 613% entre su mínimo invernal y su máximo veraniego. En las muertes autoinfligidas, el incremento fue de 12%.
Una coincidencia que todavía necesita explicación
Los autores advierten que compartir un patrón temporal no significa que un fenómeno provoque el otro. Temperatura, duración de la luz solar, rutinas sociales y exposición a otras personas también cambian con las estaciones.
El cierre de numerosas escuelas durante el verano añade otra variable al estudiar específicamente los ataques ocurridos en centros educativos.
La investigación resulta especialmente interesante porque estudios anteriores han planteado que algunos tiroteos masivos pueden incluir un componente suicida. Un trabajo publicado en 2021 encontró que numerosos atacantes tenían previsto morir por suicidio o durante el propio ataque. Otro análisis de 2024 indicó que la proporción de agresores que murieron durante estos episodios se había duplicado durante las dos décadas anteriores.
El nuevo patrón tampoco coincide con la evolución estacional conocida de la depresión, que tradicionalmente alcanza niveles más elevados durante los meses de invierno. Esta diferencia abre nuevas preguntas sobre los mecanismos involucrados.
Czeisler considera que los resultados pueden tener aplicaciones preventivas incluso antes de conocer sus causas. Los sistemas sanitarios podrían reforzar durante el verano la detección de riesgo suicida y de posibles conductas relacionadas con violencia armada, además de preparar recursos para responder ante episodios graves.
Los investigadores consideran necesario estudiar por separado factores ambientales, biológicos y sociales para comprender por qué ambas curvas temporales presentan una alineación tan cercana.