Especialistas alertan sobre trastornos alimentarios en hombres
La atención de los trastornos alimenticios enfrenta un desafío persistente en México. Aunque estas condiciones pueden afectar a cualquier persona, especialistas advierten que los hombres continúan siendo uno de los grupos más subdiagnosticados, una situación que puede retrasar hasta cinco años el acceso a tratamiento adecuado.
José Eduardo Otáñez Ludick, profesor de la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza de la Universidad Nacional Autónoma de México, explicó que diversos factores contribuyen a este fenómeno. Entre ellos destacan las barreras culturales que desalientan a los varones a buscar ayuda médica y la falta de perspectiva de género en algunos procesos de evaluación clínica.
Los efectos de este retraso pueden ser graves. Además de comprometer la salud física, también incrementan el riesgo de ansiedad, depresión, aislamiento social y otras complicaciones que afectan la calidad de vida de quienes viven con estas condiciones.
Los trastornos alimenticios son alteraciones de salud mental que modifican de manera patológica la relación con la comida. Sus causas pueden estar relacionadas con factores familiares, sociales, biológicos y psicológicos. Entre los diagnósticos más conocidos se encuentran la anorexia, la bulimia y el trastorno por atracón.
Sin embargo, existen otros cuadros menos visibles, como la ortorexia, la vigorexia, la pica, la rumiación y los trastornos de evitación y restricción alimentaria. Todos pueden provocar consecuencias importantes en el sistema digestivo, cardiovascular y emocional.
La experiencia de Carlos Eduardo Graterol, estudiante de Teatro en la UNAM, refleja las dificultades que enfrentan muchos hombres para obtener un diagnóstico oportuno. Durante años normalizó conductas como los atracones, los ayunos prolongados y la preocupación constante por su apariencia física antes de recibir atención especializada.
Datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2022 indican que 1.2 por ciento de los hombres adolescentes presentaba riesgo de desarrollar algún trastorno alimentario, frente a 2.0 por ciento de las mujeres. No obstante, especialistas consideran que las cifras reales podrían ser mayores debido al subregistro.
Asimismo, Otáñez Ludick señaló que una evaluación integral y multidisciplinaria resulta fundamental para identificar estas condiciones. También destacó la importancia de validar los síntomas reportados por los pacientes y evitar minimizar sus preocupaciones.
El académico advirtió que la consecuencia más grave de los trastornos alimentarios puede ser la muerte. Por ello, insistió en fortalecer la capacitación profesional, fomentar la detección temprana y promover conversaciones abiertas que permitan a más personas acceder a ayuda especializada antes de que los síntomas se agraven.
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