Descubren un antiguo mecanismo de polinización mediante calor
La polinización pudo comenzar mucho antes de la aparición de las flores coloridas y los aromas que hoy caracterizan a muchas plantas. Un estudio encabezado por investigadores de la Universidad de Harvard reveló que algunas plantas ancestrales utilizan calor e infrarrojos para atraer a los insectos que transportan su polen.
La investigación, publicada en la revista Science, identificó que las cícadas —consideradas fósiles vivientes por su antigüedad— calientan sus órganos reproductivos para atraer escarabajos polinizadores, los cuales desarrollaron sensores infrarrojos especializados capaces de detectar esos cambios de temperatura.
La autora principal del estudio, Wendy Valencia-Montoya, investigadora de la Harvard Society of Fellows, explicó que el hallazgo añade una nueva forma de comunicación entre plantas e insectos.
«Sabíamos que existían las señales mediante colores y aromas, pero ahora descubrimos que el infrarrojo también funciona como una señal de polinización», señaló la científica.
El equipo estudió la especie Zamia furfuracea, originaria de México y conocida como palma de cartón. Sus conos masculinos elevan su temperatura para atraer al escarabajo Rhopalotria furfuracea, que se alimenta del polen.
Horas después, los conos femeninos comienzan a calentarse, lo que provoca que los insectos se desplacen hacia ellos y transporten el polen necesario para fecundar las semillas.
Los investigadores registraron que los conos pueden alcanzar temperaturas de hasta 25 grados Celsius por encima del ambiente, gracias a una intensa actividad metabólica en sus tejidos reproductivos.
La investigación fue supervisada por Nicholas Bellono, profesor de Biología Molecular y Celular de Harvard, y por Naomi Pierce, profesora de Biología Organísmica y Evolutiva, quienes participaron en el análisis de 17 especies de cícadas.
Mediante imágenes térmicas, microscopía electrónica, análisis genéticos y experimentos de campo, comprobaron que las plantas producen calor siguiendo un ritmo circadiano perfectamente sincronizado con la actividad de los escarabajos.
Además, el equipo descubrió que las antenas de estos insectos contienen órganos especializados capaces de detectar temperaturas específicas gracias a la proteína TRPA1, utilizada también por serpientes y mosquitos para percibir el calor.
Las cícadas aparecieron hace aproximadamente 275 millones de años, mucho antes que las plantas con flores modernas. Según los autores, esto convierte al calor en una de las señales de polinización más antiguas conocidas por la ciencia.
Para Valencia-Montoya, el descubrimiento también demuestra que muchos mecanismos de comunicación entre organismos permanecieron ocultos porque los seres humanos no podemos percibirlos directamente.
Los investigadores consideran que estos resultados ayudan a comprender mejor la evolución de las plantas y los polinizadores, además de abrir nuevas líneas de investigación sobre cómo distintas especies utilizan señales invisibles para asegurar su reproducción.
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