Curiosidad para afrontar la incertidumbre
Curiosidad, una herramienta para afrontar la incertidumbre

Curiosidad, una herramienta para afrontar la incertidumbre

La curiosidad suele acompañarnos de forma natural durante la infancia. Preguntamos, exploramos y probamos cosas nuevas sin necesitar una razón concreta. Sin embargo, al crecer tendemos a sustituir esa disposición por certezas, control y respuestas rápidas.

Aprendemos que equivocarnos puede tener consecuencias y comenzamos a interpretar la incertidumbre como algo que debemos evitar. El problema aparece cuando la vida rompe esa sensación de control con cambios inesperados, pérdidas o dificultades.

Ante estas situaciones, la mente suele anticipar escenarios negativos con preguntas como “¿y si todo sale mal?”. Una alternativa consiste en cambiar el enfoque: “¿qué puedo aprender de esto?” o “¿qué opción todavía no estoy viendo?”.

Esta actitud, denominada intención curiosa, propone acercarse a lo desconocido desde la exploración y no únicamente desde el miedo. No elimina los problemas, pero modifica la forma de relacionarnos con ellos.

Curiosidad, mucho más que querer saber cosas

La periodista y doctoranda en Psicología Teresa Viejo sostiene que esta capacidad puede desarrollarse y que hacerlo produce cambios tanto en la conducta como en la mentalidad.

El psicólogo Todd Kashdan, que ha estudiado ampliamente este comportamiento, identifica cinco dimensiones. La primera es la exploración alegre: aprender simplemente por placer, iniciar una conversación inesperada o probar algo nuevo sin exigir resultados.

La segunda aparece cuando sentimos que nos falta información para comprender algo. En lugar de permanecer atrapados en el “no sé”, esa sensación puede convertirse en una motivación para investigar y encontrar respuestas.

También está la tolerancia al estrés. Ser curioso no implica vivir sin miedo, sino mantener abierta una pregunta aunque provoque cierta incomodidad, sin apresurarse a aceptar la primera respuesta disponible.

Otra dimensión es la curiosidad social, es decir, el interés genuino por conocer lo que otras personas piensan y sienten. Puede manifestarse como interés por conocer a muchas personas o como una búsqueda más profunda y empática para comprender a alguien cercano.

Por último, Kashdan señala la búsqueda de nuevas emociones, que puede impulsarnos a comenzar un proyecto, viajar, cambiar de rumbo o abandonar espacios conocidos para explorar otras posibilidades.

Seis preguntas para recuperar una actitud exploradora

Teresa Viejo incorpora además la curiosidad con presencia: observar aquello que forma parte de nuestra vida cotidiana como si todavía quedaran aspectos por descubrir.

Esta capacidad puede ejercitarse mediante preguntas sencillas: ¿cuándo aprendimos algo por última vez sin buscar un beneficio?, ¿qué asunto pendiente queremos comprender mejor?, ¿podemos convivir con una duda sin resolverla inmediatamente?, ¿qué descubriríamos de alguien si escucháramos sin anticipar su respuesta?, ¿qué frontera personal necesitamos cruzar? y ¿qué ocurriría si hoy observáramos lo cotidiano como si fuera nuevo?

Mantener una actitud exploradora no significa ignorar los riesgos ni convertir cualquier dificultad en algo positivo. Significa aceptar que no siempre tendremos todas las respuestas y conservar suficiente apertura para descubrir alternativas.

La intención curiosa no garantiza que aquello desconocido termine bien. Su valor está en permitir que, frente a la incertidumbre, además de preguntarnos qué podría salir mal, podamos preguntarnos qué todavía podemos aprender.

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