Hábitos cotidianos para mantener activo el cerebro
El cerebro necesita desafíos para conservar sus capacidades con el paso de los años. Aunque las personas suelen buscar soluciones fáciles para ahorrar esfuerzo, mantener cierta exigencia mental puede favorecer una vida cognitivamente más saludable.
Los investigadores relacionan las actividades estimulantes con una mayor reserva cognitiva, una especie de capacidad de resistencia frente al deterioro asociado con la edad. La ventaja es que fortalecerla no exige transformar completamente la rutina. Cambios cotidianos relacionados con orientación, aprendizaje y vida social pueden contribuir.
La navegación espacial ejercita especialmente el hipocampo, una región fundamental para la memoria y una de las primeras afectadas por la enfermedad de Alzheimer. Investigaciones con taxistas y conductores han encontrado asociaciones entre una navegación frecuente y determinadas ventajas cognitivas.
También existen estudios donde practicar tareas de orientación durante meses mejoró estas habilidades y ayudó a conservar el volumen del hipocampo. Por ello, caminar por rutas nuevas, orientarse sin depender constantemente del GPS o practicar actividades como orientación deportiva puede representar un desafío útil.
Asimismo, aprender durante toda la vida fortalece la reserva cognitiva. La neuroplasticidad permite que el cerebro modifique conexiones y se adapte incluso durante edades avanzadas.
Mantener una vida social activa ofrece otro estímulo importante. Un amplio estudio observacional relacionó una mayor actividad social durante la mediana y avanzada edad con entre 30% y 50% menos riesgo de demencia.
Conversar exige utilizar simultáneamente lenguaje, memoria, atención y planificación. Además, las relaciones sociales pueden reducir algunos efectos fisiológicos del estrés crónico, relacionado con daños en regiones como el hipocampo.
No hacen falta ejercicios sofisticados. Participar en un club de lectura, aprender jardinería, debatir un libro con amigos o recorrer un camino desconocido introduce novedad en la rutina.
La evidencia disponible no garantiza que estas actividades eviten la demencia. Sin embargo, mantener desafíos intelectuales, físicos y sociales puede construir una mayor reserva cognitiva y reducir el deterioro de la memoria asociado con el envejecimiento.
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