Ondas sonoras contra los tumores
El ultrasonido está ampliando sus posibilidades en la medicina más allá de las ecografías. Diferentes investigaciones buscan utilizar ondas sonoras de alta frecuencia para destruir tumores sin cirugía e incluso mejorar la eficacia de tratamientos como la quimioterapia, la radioterapia y la inmunoterapia.
Uno de los principales avances surgió a principios de la década de 2000. Zhen Xu, entonces estudiante de doctorado en ingeniería biomédica en la Universidad de Michigan, experimentaba con ondas ultrasónicas para destruir tejido sin realizar procedimientos invasivos.
Xu aumentó la frecuencia de los pulsos durante unas pruebas con corazones de cerdo para evitar el ruido que incomodaba a sus compañeros. El cambio produjo un resultado inesperado: en aproximadamente un minuto apareció un agujero en el tejido.
El hallazgo dio origen a la histotripsia, una técnica que décadas después comenzó a utilizarse contra tumores hepáticos.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) autorizó en 2023 la histotripsia para tratar tumores de hígado. Un estudio posterior financiado por HistoSonics, empresa creada para comercializar la tecnología, registró éxito técnico en el 95% de los tumores tratados.
El procedimiento concentra ondas sonoras en una zona del tumor de aproximadamente 2 por 4 milímetros. Los pulsos generan microburbujas que se expanden y colapsan rápidamente hasta romper mecánicamente el tejido canceroso. Después, el propio sistema inmunitario elimina los restos.
El tratamiento suele durar entre una y tres horas y no requiere incisiones. Sin embargo, puede provocar efectos adversos como dolor abdominal o hemorragias internas, aunque los estudios disponibles señalan que las complicaciones son poco frecuentes.
Reino Unido también incorporó la histotripsia en junio mediante la fase piloto de su Programa de Acceso a Dispositivos Innovadores del NHS.
Todavía existen limitaciones. Faltan datos sólidos sobre la recurrencia del cáncer a largo plazo y los huesos pueden bloquear las ondas. Tampoco resulta adecuada para órganos llenos de aire, como los pulmones. HistoSonics estudia ahora su aplicación en tumores de riñón y páncreas.
Otra técnica, conocida como ultrasonido focalizado de alta intensidad (HIFU), destruye tejido mediante calor. Ya se utiliza, entre otras aplicaciones, contra el cáncer de próstata y puede ofrecer una recuperación más rápida que una cirugía.
Los investigadores también estudian la combinación de ondas ultrasónicas con microburbujas inyectadas en el torrente sanguíneo. Este procedimiento puede abrir temporalmente la barrera hematoencefálica y facilitar que determinados medicamentos alcancen tumores cerebrales.
Otros experimentos apuntan a que las microburbujas podrían aumentar la eficacia de la radioterapia y permitir el uso de dosis menores. También se investiga su combinación con inmunoterapia para hacer que las células cancerosas resulten más visibles para las defensas del organismo.
Una de las posibilidades más ambiciosas consiste en comprobar si destruir un tumor mediante ondas sonoras puede desencadenar una respuesta inmunitaria capaz de atacar células cancerosas situadas en otras partes del cuerpo. Esta aplicación contra el cáncer metastásico todavía necesita ensayos que demuestren su eficacia.
Los especialistas advierten que estas tecnologías no representan una cura universal. Sin embargo, sus avances podrían ofrecer alternativas menos invasivas y reducir algunos de los efectos asociados con la cirugía, la quimioterapia y la radiación.
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