Salud mental y creación de redes de apoyo para jóvenes y adultos
Salud mental enfrenta barreras de atención en Uruguay

Salud mental enfrenta barreras de atención en Uruguay

Hablar, sentirse escuchado y construir vínculos significativos puede cambiar la manera en que una persona atraviesa una crisis. En Uruguay, distintos programas buscan crear esos espacios mientras el país enfrenta un problema de suicidio que continúa entre sus principales desafíos de salud pública.

La tasa se sitúa en 19.16 muertes por cada 100 mil habitantes, frente a 9.2 en el conjunto de América. Durante 2025 se registraron 668 muertes por suicidio. Especialistas consultados relacionan esta situación con diferentes factores vinculados con la salud mental, aunque advierten que se trata de un fenómeno complejo y multicausal.

Salud mental enfrenta soledad, silencio y barreras de atención

La soledad aparece entre los motivos frecuentes de consulta psicológica. Una medición realizada para el Ministerio de Salud Pública encontró que 24% de la población uruguaya se encuentra en el nivel más alto del índice de soledad.

Las especialistas consultadas señalan que sentirse solo no significa necesariamente carecer de compañía. También puede reflejar falta de vínculos significativos, pertenencia o redes de apoyo.

A esto se suma la dificultad para hablar sobre el sufrimiento emocional. El estigma, la vergüenza o la falta de herramientas dentro de las familias pueden retrasar la búsqueda de ayuda.

Programas como “Ni Silencio Ni Tabú”, desarrollado por el Instituto Nacional de la Juventud junto con autoridades sanitarias y Unicef, intentan responder mediante acompañamiento y actividades grupales.

El acceso profesional representa otro obstáculo. Aunque Uruguay incorporó la atención psicológica al sistema público, especialistas señalan diferencias entre reconocer este derecho y recibir atención adecuada y oportuna, especialmente fuera de la capital.

Violencia e incertidumbre también influyen en el bienestar

Las relaciones violentas constituyen otro factor relevante. La violencia psicológica puede afectar de manera prolongada la autoestima, mientras las experiencias de abuso durante la infancia o adolescencia pueden aumentar la vulnerabilidad emocional.

Las condiciones socioeconómicas también intervienen. Una investigación de la Universidad de la República señaló que las personas en situación de pobreza presentan 50% más riesgo de desarrollar trastornos mentales severos. Desempleo, precariedad laboral y dificultades habitacionales pueden aumentar el estrés y reducir los recursos disponibles ante una crisis.

La incertidumbre sobre el futuro completa el panorama descrito por los especialistas. Las dificultades para alcanzar independencia económica, conseguir vivienda o construir un proyecto personal pueden alimentar una sensación de falta de horizonte.

Los datos muestran además diferencias por edad y sexo. Los mayores de 80 años, principalmente hombres, registran la mayor afectación por muertes por suicidio. Los intentos son más frecuentes entre adolescentes de 15 a 19 años, principalmente mujeres. Las autoridades también han expresado preocupación por el grupo de 10 a 14 años.

La Organización Mundial de la Salud advierte, sin embargo, que suicidio y problemas de salud mental no son equivalentes: no todas las personas que mueren por suicidio presentan un trastorno mental y la mayoría de quienes tienen problemas psicológicos no desarrollan conductas suicidas.

La respuesta, según los especialistas, necesita combinar atención profesional con redes familiares, comunitarias e institucionales capaces de reducir el aislamiento y facilitar que pedir ayuda resulte posible.

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