Investigación analiza el impacto del descanso compartido en la salud
Dormir mal después de una elección, una guerra, una pandemia o un desastre natural podría ser más que una experiencia individual. Investigadores de la Harvard Medical School plantean que estos acontecimientos pueden alterar el descanso de comunidades enteras, un fenómeno que denominan sueño colectivo o «public sleep», y cuyo impacto en la salud apenas comienza a estudiarse.
El concepto fue desarrollado por Tony J. Cunningham, profesor asistente de Psicología en Harvard Medical School y director del Center for Sleep and Cognition del Beth Israel Deaconess Medical Center, junto con otros especialistas en un artículo que propone ampliar la investigación sobre cómo los grandes eventos sociales afectan el descanso de millones de personas al mismo tiempo.
Durante años, la investigación ha demostrado que la falta de sueño incrementa el riesgo de accidentes automovilísticos, problemas cardiovasculares y alteraciones en la salud mental. Sin embargo, los autores sostienen que aún se sabe muy poco sobre las consecuencias cuando esa pérdida de descanso ocurre de forma simultánea en grandes grupos de personas.
Según Cunningham, solemos pensar que dormir es una actividad completamente privada, pero el entorno social también condiciona la calidad del descanso. Eventos como elecciones, finales deportivas, conflictos armados o desastres naturales pueden alterar los patrones de sueño durante días, meses o incluso años.
Como ejemplo, el investigador menciona que poblaciones expuestas durante largos periodos a situaciones de guerra, como ocurre en Ucrania, podrían experimentar cambios persistentes en su descanso, aunque con el tiempo desarrollen una nueva rutina.
El estudio también recuerda que la pandemia de COVID-19 modificó los hábitos de sueño de millones de personas. Mientras algunos sectores sufrieron mayores niveles de estrés, otros lograron dormir más gracias al trabajo remoto y a la eliminación de largos desplazamientos diarios.
Para respaldar la propuesta, el equipo analizó datos recopilados durante las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020 y 2024. Aunque el estado de ánimo de los participantes cambió según el resultado electoral, los patrones de alteración del sueño fueron muy similares en ambos procesos.
Ese hallazgo llevó a los investigadores a considerar que el sueño colectivo podría representar un fenómeno distinto al estado de ánimo y merecer una línea propia de investigación.
Cunningham reconoce que estudiar este fenómeno representa un reto porque muchos acontecimientos importantes, como atentados o catástrofes naturales, ocurren sin previo aviso. Aun así, considera que la tecnología puede facilitar nuevas investigaciones.
Dispositivos como Apple Watch, Fitbit, Oura Ring, Whoop o Galaxy Watch ya permiten recopilar información sobre horarios de sueño y vigilia en grandes poblaciones. Aunque todavía presentan limitaciones para analizar las fases del sueño con precisión clínica, ofrecen una base valiosa para futuras investigaciones.
Además, el especialista confía en que la inteligencia artificial permita perfeccionar el análisis del sueño y reducir los errores presentes en los métodos actuales.
Los autores consideran que este campo también podría influir en políticas públicas y estrategias de salud. Más que imponer regulaciones, proponen impulsar campañas de información para que la población comprenda que ciertos acontecimientos sociales pueden afectar el descanso y aprenda estrategias para proteger su sueño cuando enfrenta situaciones de alto estrés colectivo.
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