El acceso a la educación de calidad para personas con discapacidad visual está dejando de ser un ideal lejano en México. En instituciones como el Tecnológico de Monterrey, iniciativas pioneras están transformando las aulas en entornos verdaderamente incluyentes, donde el aprendizaje ya no depende exclusivamente del sentido de la vista. Esta evolución marca una ruptura con décadas de exclusión sistemática.
Gracias al diseño universal para el aprendizaje, se están creando materiales accesibles desde el inicio, sin necesidad de adaptaciones posteriores.
Además, docentes y especialistas están recibiendo formación específica para atender las necesidades de estudiantes con ceguera o baja visión, integrando herramientas como lectores de pantalla, braille digital y ajustes en las dinámicas de clase.
Formación docente e infraestructura accesible
La construcción de aulas incluyentes para personas con discapacidad visual exige más que voluntad: requiere políticas institucionales, inversión tecnológica y sensibilidad pedagógica. Por ejemplo, los ajustes razonables que contempla la legislación educativa mexicana desde 2023 han sido clave para acelerar este proceso. Estos permiten a los estudiantes acceder a los mismos contenidos que sus pares, pero con medios y tiempos adecuados a sus capacidades.
También se ha avanzado en infraestructura física. Los campus más comprometidos han incorporado señalética en braille, sistemas podotáctiles y guías de orientación auditiva. Del mismo modo, el diseño de plataformas virtuales accesibles cobra especial relevancia ante la digitalización de la enseñanza.
Aunque aún persisten retos en regiones marginadas o en la educación básica, estos modelos representan una hoja de ruta. Más aún cuando cifras de la Secretaría de Educación Pública revelan que apenas el 9% de las personas ciegas en México acceden a estudios superiores.