El riesgo de una nueva pandemia no ha desaparecido. Aunque el COVID-19 cambió la percepción mundial sobre los virus emergentes, hay otro patógeno que científicos y autoridades sanitarias observan con atención: el virus Nipah. Con presencia endémica en Bangladesh e India, este virus ha demostrado una capacidad alarmante de transmisión entre animales y humanos.
México y otros países latinoamericanos no reportan casos, pero la globalización, el cambio climático y la movilidad internacional hacen que el virus Nipah esté en el radar de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Su índice de letalidad es alto: entre 40% y 75%, muy superior al del SARS-CoV-2. A pesar de ello, su transmisión ha sido hasta ahora limitada, lo que ofrece una ventana de oportunidad para actuar.
Virus Nipah y posibles pandemias futuras
El virus Nipah se transmite principalmente a través del contacto con fluidos corporales de murciélagos frugívoros, cerdos infectados o personas enfermas. Los brotes documentados desde 1998 hasta 2023 muestran patrones esporádicos, pero inquietantes. En 2025, científicos del Instituto Pasteur de París y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos señalaron que su potencial pandémico se relaciona con mutaciones que podrían aumentar su capacidad de contagio.
La buena noticia es que existen avances en modelos de vigilancia, detección temprana y ensayos clínicos experimentales. Organismos como CEPI (Coalición para las Innovaciones en la Preparación ante Epidemias) han destinado recursos para acelerar una vacuna preventiva.
En países como México, donde el monitoreo epidemiológico avanza en colaboración con redes internacionales, el fortalecimiento del sistema educativo en temas de salud pública podría marcar la diferencia.
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