Proteger la educación en conflictos garantiza seguridad, continuidad educativa y estabilidad social para millones de niños.
Proteger la educación en conflictos es una prioridad global

Proteger la educación en conflictos es una prioridad global

La educación sostiene a las sociedades incluso en los contextos más adversos. Cuando estallan conflictos armados, las escuelas suelen convertirse en espacios inseguros, interrumpiendo rutinas esenciales para millones de niñas, niños y adolescentes. La protección educativa no solo resguarda el aprendizaje, también preserva estabilidad, dignidad y futuro en regiones golpeadas por la violencia. El foco de esta realidad se sitúa hoy en Oriente Medio y África, aunque sus implicaciones alcanzan a toda la comunidad internacional.

En noviembre de 2025, organizaciones humanitarias alertaron sobre el impacto directo de los conflictos en los sistemas educativos. Los ataques a escuelas, el desplazamiento forzado y la reducción de fondos internacionales debilitan el acceso continuo a la educación. En estos entornos, la falta de aulas seguras incrementa el riesgo de trabajo infantil, matrimonios tempranos y reclutamiento forzado, afectando de manera desproporcionada a las niñas.

Proteger la educación en conflictos armados

La protección de la educación en conflictos implica acciones concretas y sostenidas. Mantener escuelas como espacios civiles, garantizar financiamiento estable y capacitar a docentes para contextos de emergencia resultan medidas clave. Asimismo, asegurar continuidad educativa ofrece apoyo psicosocial, estructura diaria y un entorno de normalidad para comunidades afectadas. De igual manera, sostener la educación facilita la recuperación social y económica tras la violencia.

El deterioro educativo no es un daño colateral menor. Cada año adicional sin escuela reduce oportunidades laborales futuras y perpetúa ciclos de pobreza. Además, la interrupción prolongada del aprendizaje debilita la cohesión social y retrasa procesos de paz duradera.

Las cifras más recientes confirman la urgencia del problema. Durante 2024 se documentó un aumento significativo de ataques contra instalaciones educativas en zonas de conflicto, lo que obligó a miles de estudiantes a abandonar las aulas. Este contexto refuerza la necesidad de proteger la educación como un compromiso colectivo y permanente.

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