Secundaria y formación de las relaciones sociales
La adolescencia concentra algunas de las experiencias sociales más intensas de la vida. Amistades, rechazo, popularidad, pertenencia y conflictos adquieren una importancia especial mientras los jóvenes construyen su identidad y aprenden a relacionarse fuera del entorno familiar.
Distintas investigaciones muestran que las experiencias vividas durante la secundaria pueden influir años después en la manera de interpretar relaciones, responder al rechazo, construir amistades e incluso enfrentar situaciones laborales. Sin embargo, aquellas etiquetas sociales no determinan necesariamente el futuro.
El psicólogo John Coie ayudó a estudiar este fenómeno al clasificar a estudiantes según cómo los percibían sus compañeros. Sus investigaciones identificaron grupos considerados aceptados, rechazados, controvertidos, ignorados y promedio.
Los jóvenes más apreciados suelen ser vistos como amables, solidarios y colaboradores. En cambio, quienes reciben rechazo pueden mostrar comportamientos agresivos o convertirse en víctimas frecuentes de acoso.
La dinámica cambia al llegar a la adolescencia. En primaria, el buen comportamiento y el rendimiento académico suelen recibir reconocimiento. Después ganan peso otros elementos, como la apariencia, la seguridad social, el deporte, la rebeldía o determinados comportamientos asociados con estudiantes mayores.
Mitch Prinstein, profesor de Psicología de la Universidad de Carolina del Norte, distingue además entre simpatía y estatus. Sus investigaciones sugieren que caer bien a los demás puede relacionarse con mejores resultados sociales, académicos y psicológicos, mientras perseguir un alto estatus mediante conductas arriesgadas puede generar consecuencias diferentes.
La adolescencia también favorece la formación de grupos con límites muy definidos. Durante los primeros años, pertenecer a determinado círculo puede convertirse en una parte importante de la identidad y condicionar la forma en que otros estudiantes interactúan con una persona.
Conforme avanza la adolescencia, esos grupos suelen volverse más flexibles. Algunos jóvenes encuentran nuevas amistades, abandonan etiquetas anteriores o desarrollan mayor seguridad para relacionarse con personas diferentes.
El problema aparece cuando experiencias de rechazo, aislamiento o búsqueda constante de estatus se convierten en patrones duraderos. Un estudio dirigido por Joseph Allen, de la Universidad de Virginia, siguió a 184 adolescentes entre los 13 y 23 años. Quienes buscaban prestigio mediante consumo temprano de alcohol, drogas o relaciones consideradas “pseudomaduras” presentaron posteriormente mayores dificultades en algunas relaciones y mayor riesgo de problemas con sustancias.
El rechazo también puede dejar huellas. Prinstein ha encontrado asociaciones entre rechazo durante la adolescencia y mayor riesgo posterior de síntomas depresivos. Sin embargo, contar con uno o dos amigos cercanos puede actuar como un factor protector y favorecer relaciones más sólidas en etapas posteriores.
La psicóloga Lucy Foulkes, de la Universidad de Oxford, recuerda que estas dinámicas no desaparecen necesariamente con la edad. Jerarquías, exclusión y búsqueda de reconocimiento también aparecen en entornos laborales y otros grupos adultos.
Aun así, las experiencias escolares no constituyen una sentencia. Reconocer los patrones aprendidos, cuestionar interpretaciones negativas y construir nuevas relaciones puede modificar la forma en que una persona responde a situaciones sociales. La adolescencia deja recuerdos poderosos, pero también existe margen para reinterpretarlos y cambiar su influencia.
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