Baja natalidad transforma las decisiones familiares
Tener hijos dejó de ser una decisión automática para una parte creciente de las nuevas generaciones. Antes de formar una familia, muchas personas consideran si podrán pagar una vivienda, conservar un empleo estable, cubrir cuidados y educación o mantener el nivel de vida que consideran necesario para criar.
México ya muestra con claridad esa transformación. En 2024 se registraron 1 millón 672 mil 227 nacimientos, frente a 1 millón 820 mil 888 en 2023, una reducción cercana al 8%. Además, la tasa de nacimientos registrados bajó a 47.7 por cada mil mujeres de 15 a 49 años.
La Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica muestra un cambio todavía más profundo. La tasa global de fecundidad pasó de 2.07 hijos por mujer en 2018 a 1.60 en 2023, por debajo del nivel aproximado de 2.1 necesario para el reemplazo generacional en ausencia de migración.
También está cambiando el momento de la maternidad. En México disminuyeron especialmente los nacimientos entre adolescentes y mujeres jóvenes: la fecundidad de 15 a 19 años cayó de 70.6 nacimientos por cada mil mujeres en 2018 a 45.2 en 2023. Al mismo tiempo, la mayor concentración dejó de estar claramente entre los 20 y 24 años y comenzó a repartirse de forma similar con el grupo de 25 a 29.
El fenómeno no significa simplemente que las nuevas generaciones rechacen tener hijos. El Fondo de Población de Naciones Unidas encontró que una de cada cinco personas consultadas en 14 países espera no alcanzar el número de hijos que desea. Entre las principales barreras aparecen el costo de criar, la inseguridad laboral, la vivienda, la falta de una pareja adecuada y la preocupación por el futuro.
Las condiciones económicas ofrecen parte del contexto. En México, el ingreso corriente promedio de un hogar fue de 25 mil 955 pesos mensuales en 2024, mientras el gasto monetario promedio alcanzó 15 mil 891 pesos. Alimentos, bebidas y tabaco absorbieron 37.7% del gasto y transporte y comunicaciones otro 19.5%.
A esto se suma un mercado laboral donde 54.8% de la población ocupada se encontraba en la informalidad durante el primer trimestre de 2026. La falta de seguridad laboral, prestaciones y estabilidad de ingresos puede complicar decisiones que implican compromisos económicos de largo plazo.
La OCDE ha encontrado precisamente una relación negativa entre fecundidad, desempleo y mayores costos de vivienda. También señala que la sucesión de crisis económicas, la pandemia, las tensiones geopolíticas, las guerras y las preocupaciones climáticas han aumentado entre algunos jóvenes la sensación de incertidumbre sobre el futuro. Al mismo tiempo, existe una mayor aceptación social de construir una vida adulta sin hijos y de encontrar realización personal fuera de la maternidad o la paternidad.
México tampoco está aislado. América Latina y el Caribe alcanzaron en 2024 una fecundidad promedio de 1.8 hijos por mujer y 76% de sus países y territorios quedaron por debajo del nivel de reemplazo. La edad media de la fecundidad regional aumentó de 26.9 años en 2010 a 27.6 en 2024.
La disminución de nacimientos combina mayor educación, acceso a anticonceptivos y autonomía reproductiva con dificultades económicas, cambios culturales y postergación de la maternidad. Más que una sola causa, refleja una transformación en las condiciones bajo las cuales las personas deciden si quieren tener hijos, cuándo hacerlo y cuántos pueden sostener.
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