La normalización del consumo de alcohol en jóvenes mexicanos no ocurre por casualidad. Detrás de cada bebida hay una narrativa cuidadosamente diseñada por la industria publicitaria que asocia el alcohol con éxito, pertenencia y felicidad. Esta construcción simbólica, difundida en medios y redes sociales, influye directamente en los adolescentes, especialmente cuando no existe una formación crítica que les permita cuestionar estos mensajes.
México enfrenta un desafío urgente: el 38% de los adolescentes entre 12 y 17 años ha consumido alcohol al menos una vez, según datos de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas (ENCODAT 2024). Aunque existen normativas para restringir la publicidad dirigida a menores, los vacíos legales permiten que la mercadotecnia social mantenga su influencia.
Ante este panorama, la prevención no puede depender únicamente de políticas regulatorias. Es crucial fortalecer la educación mediática y emocional desde las escuelas, para que las juventudes identifiquen cómo los mensajes publicitarios moldean su percepción del riesgo y sus decisiones.
El poder educativo ante la mercadotecnia del alcohol
Además, programas de prevención basados en evidencia, como los desarrollados por universidades en colaboración con autoridades sanitarias, han demostrado eficacia. Estos enfoques integran la participación de docentes, familias y comunidades, creando entornos protectores y abiertos al diálogo. De igual manera, formar en habilidades socioemocionales y pensamiento crítico reduce la vulnerabilidad de los adolescentes ante mensajes que promueven el consumo.
En un país donde los jóvenes representan casi una cuarta parte de la población, educar no es solo tarea de las escuelas. Es una responsabilidad compartida que debe apoyarse en políticas públicas, campañas éticas y acciones sostenidas desde todos los sectores.
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