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Reír fortalece vínculos y ayuda a reducir el dolor

Reír parece un acto sencillo, pero detrás de una carcajada intervienen mecanismos cerebrales complejos que influyen en las emociones, las relaciones sociales e incluso en la percepción del dolor. Una revisión científica reciente identificó dos circuitos distintos que explican por qué no todas las expresiones de alegría tienen el mismo origen.

La investigación fue desarrollada por Fausto Caruana, del Instituto de Neurociencias de Parma, y Sophie K. Scott, experta del University College London. Sus conclusiones, publicadas en Trends in Neurosciences, reúnen evidencia de una treintena de estudios realizados durante este siglo sobre la actividad cerebral relacionada con esta respuesta humana.

Lo que descubrieron sobre la risa

Los investigadores analizaron estudios efectuados durante cirugías en pacientes con epilepsia resistente a medicamentos. Mediante estimulación eléctrica controlada de distintas regiones del cerebro lograron diferenciar dos redes neuronales responsables de este comportamiento.

Además, identificaron que la red cíngulo temporal participa en las carcajadas espontáneas, vinculadas con emociones y conductas heredadas de la evolución. En cambio, el sistema motor opercular lateral interviene cuando una persona ríe de manera voluntaria como parte de una conversación o una interacción social.

Caruana explicó que la risa espontánea activa sistemas relacionados con la serotonina y las endorfinas. Estas sustancias fortalecen los vínculos sociales y elevan el umbral del dolor, lo que ayuda a explicar el conocido efecto analgésico asociado a una carcajada auténtica.

Un puente entre emoción y lenguaje

El trabajo también identificó un área cerebral que conecta ambos sistemas, conocida como área motora suplementaria anterior. Según los autores, esta región podría facilitar la transición entre una risa inicialmente voluntaria y otra completamente espontánea.

Los especialistas consideran que comprender estos mecanismos permitirá estudiar con mayor profundidad trastornos neurológicos como la epilepsia gelástica, la incontinencia afectiva o la cataplexia. También plantean que este conocimiento podría ayudar a entender otras expresiones emocionales, como el llanto o los gritos de dolor, y su posible papel en la regulación natural del organismo. Para Caruana, la risa representa una ventana privilegiada para comprender la evolución del cerebro humano y la comunicación social.

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REDACCIÓN

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