Viajar largas distancias en avión permite cruzar varios husos horarios en pocas horas, pero el organismo necesita más tiempo para adaptarse. Esta diferencia puede provocar cansancio, problemas digestivos, dificultades de concentración y alteraciones del sueño.
El jet lag aparece cuando el reloj biológico deja de coincidir con los horarios del destino. Aunque sus síntomas suelen desaparecer después de algunos días, los especialistas advierten que la exposición frecuente a estos cambios puede afectar distintas funciones del cuerpo.
La clave para reducir las molestias consiste en ayudar al organismo a sincronizar nuevamente sus ritmos naturales.
Cómo afecta el jet lag al reloj biológico
El cuerpo humano funciona mediante un ciclo circadiano de aproximadamente 24 horas, que regula el descanso, la alimentación y diversos procesos metabólicos.
Russell Foster, investigador de la Universidad de Oxford, explica que una región cerebral denominada núcleo supraquiasmático coordina estos ritmos mediante señales relacionadas con la luz.
Cuando oscurece, el organismo aumenta la producción de melatonina, hormona que participa en la regulación del sueño.
Sin embargo, cruzar rápidamente varios husos horarios altera esta coordinación.
Entre las consecuencias destacan fatiga, dolores de cabeza, molestias musculares, irritabilidad, problemas intestinales y dificultades para recordar información.
Los síntomas suelen intensificarse al viajar hacia el este o atravesar numerosos husos horarios.
Algunas investigaciones también han encontrado alteraciones hormonales y cognitivas entre trabajadores de aerolíneas expuestos constantemente a cambios de horario.
Otros estudios han identificado asociaciones entre ciertas enfermedades y el trabajo aéreo frecuente. No obstante, todavía no permiten establecer que la desincronización circadiana sea su causa directa.
Qué hacer para adaptarse mejor a otro horario
Los especialistas recomiendan comenzar la adaptación antes del viaje.
Cuando el vuelo se dirige hacia el este, puede ayudar acostarse una o dos horas antes durante los días previos. Si el desplazamiento es hacia el oeste, conviene retrasar gradualmente el horario de descanso.
La exposición a la luz también resulta fundamental, aunque debe realizarse en momentos adecuados según el destino y la dirección del viaje.
Otra estrategia consiste en ajustar las comidas al horario local, ya que la alimentación influye en los ritmos metabólicos del hígado y el páncreas.
Realizar ejercicio de intensidad ligera o moderada también puede contribuir a la adaptación.
Respecto a la melatonina, algunas investigaciones sugieren beneficios, pero su uso requiere precaución. Tomarla en horarios incorrectos puede empeorar los síntomas y provocar efectos secundarios.
Por ello, los especialistas recomiendan consultar a un profesional sanitario antes de utilizarla, especialmente cuando existen enfermedades previas o tratamientos farmacológicos.
Aunque evitar completamente el jet lag puede resultar difícil, mantener horarios adecuados de descanso, alimentación y exposición a la luz favorece una recuperación más rápida.
El objetivo principal consiste en sincronizar progresivamente el reloj biológico con las condiciones del nuevo destino.