Estudio revela que el dinero no asegura el bienestar
Tener mayores ingresos no siempre se traduce en una vida más satisfactoria. Esa es una de las principales conclusiones de un amplio estudio internacional liderado por investigadores de la Universidad de Harvard, que analizó el bienestar de más de 200 mil personas en 22 países y un territorio, encontrando que varias naciones de ingresos medios superan a economías desarrolladas en indicadores de desarrollo humano.
La investigación también encendió las alertas por el bienestar de los jóvenes, especialmente en países occidentales, donde los niveles de satisfacción y desarrollo personal se mantienen por debajo de los observados en generaciones de mayor edad.
Los resultados provienen del Global Flourishing Study, una investigación impulsada por la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard y la Universidad de Baylor, publicada en la revista científica Nature Mental Health. El proyecto reunió información de aproximadamente 203 mil participantes que hablan 40 idiomas y representan cerca del 64 % de la población mundial.
El equipo, encabezado por Tyler VanderWeele, profesor de Epidemiología de Harvard y director del Human Flourishing Program, evaluó siete dimensiones para medir el florecimiento humano: salud, felicidad, sentido de vida, carácter, relaciones personales, seguridad financiera y bienestar espiritual.
Uno de los hallazgos más llamativos fue que los países con mayores ingresos no necesariamente ocuparon los primeros lugares. Sin considerar el aspecto económico, Indonesia encabezó la clasificación, seguida por México, Filipinas, Israel y Nigeria. Estados Unidos apareció en el lugar 15. Al incorporar la seguridad financiera, México descendió un puesto e Israel avanzó, mientras que Estados Unidos subió hasta la posición 12.
Los investigadores detectaron un cambio importante en la forma en que evoluciona el bienestar a lo largo de la vida. Durante décadas, los estudios mostraban una curva en forma de «U», donde las personas registraban mayores niveles de bienestar durante la juventud y la vejez, con un descenso en la mediana edad.
Sin embargo, el nuevo análisis revela un comportamiento distinto. Ahora los niveles de bienestar permanecen bajos desde el final de la adolescencia hasta los veintitantos años antes de comenzar a recuperarse, una tendencia especialmente marcada en Estados Unidos.
El estudio también identificó factores que aparecen de forma consistente en casi todos los países analizados. Haber mantenido una buena relación con la madre y el padre durante la infancia, disfrutar de buena salud en los primeros años de vida y participar regularmente en actividades religiosas se asociaron con mayores niveles de bienestar durante la edad adulta.
Para Brendan Case, codirector de investigación del Human Flourishing Program y coautor del trabajo, los resultados invitan a replantear la idea de que el crecimiento económico, por sí solo, garantiza una mejor calidad de vida. A su juicio, las relaciones personales, el sentido de comunidad y el propósito continúan siendo elementos fundamentales para el desarrollo humano.
Los investigadores continuarán siguiendo a los participantes durante los próximos cinco años para analizar cómo evolucionan estos indicadores y comprender mejor los factores que favorecen una vida plena en distintas culturas.
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