El debate sobre el tiempo de pantalla suele centrarse en cuántas horas pasan los niños frente a dispositivos electrónicos. Sin embargo, especialistas del Yale Child Study Center aseguran que la pregunta más importante es cómo influye esa tecnología en su desarrollo, sus relaciones y su bienestar.
Los psicólogos Jacqueline Britt-Friedman y Tamique Ridgard Peters sostienen que no existe una fórmula única para todas las familias. En lugar de imponer reglas rígidas, recomiendan observar las necesidades de cada niño, fomentar la conexión familiar y establecer hábitos digitales saludables.
El tiempo de pantalla debe adaptarse a cada familia
Los expertos explican que no todas las actividades digitales tienen el mismo impacto. Algunas aplicaciones favorecen la comunicación o ayudan a controlar la ansiedad, mientras que otras pueden dificultar la regulación emocional o la concentración.
Por ello, aconsejan analizar qué hacen los menores cuando utilizan dispositivos, si comparten esa experiencia con otras personas o permanecen aislados y si el contenido permite pausas naturales o promueve un consumo continuo.
También recomiendan que los padres revisen el uso de la tecnología dentro del hogar. Observar cuándo utilizan celulares tanto adultos como niños ayuda a identificar hábitos que pueden modificarse.
Los especialistas recuerdan que los adultos también deben dar el ejemplo. Evitar revisar constantemente el teléfono, limitar las notificaciones laborales y reservar momentos exclusivos para convivir en familia favorece un ambiente más equilibrado.
Dormir bien y convivir sin pantallas fortalece el desarrollo
Las rutinas familiares desempeñan un papel clave. Comer sin dispositivos, colocar estaciones de carga fuera de las habitaciones y mantener horarios constantes para dormir ayudan a proteger el descanso y mejorar la convivencia.
Los psicólogos advierten que utilizar pantallas para calmar cada berrinche o episodio de ansiedad puede impedir que los niños desarrollen estrategias saludables para controlar sus emociones. En lugar de reaccionar durante una crisis, recomiendan anticipar situaciones difíciles, explicar las expectativas y reforzar las conductas positivas.
Entre las principales señales de alerta destacan la dependencia del dispositivo para comer, tranquilizarse o realizar actividades cotidianas, así como las alteraciones del sueño, las relaciones familiares o el rendimiento diario.
Respecto al acceso a teléfonos inteligentes y redes sociales, consideran que la madurez resulta más importante que la edad. La capacidad para respetar reglas, asumir responsabilidades y autorregularse debe valorarse antes de permitir un uso más independiente.
Para Yale, una relación saludable con la tecnología no significa eliminar las pantallas, sino equilibrarlas con sueño suficiente, actividad física, tiempo al aire libre, convivencia y espacios libres de dispositivos. El objetivo consiste en crear hábitos sostenibles que acompañen el crecimiento de los niños sin generar culpa ni conflictos constantes en casa.