Plataformas digitales y efectos de los estímulos constantes sobre la atención y el descanso
Plataformas digitales ponen a prueba la atención del cerebro

Plataformas digitales ponen a prueba la atención del cerebro

Revisar un mensaje puede convertirse rápidamente en varios minutos pasando de una publicación a otra. El scroll infinito facilita esa continuidad porque elimina prácticamente cualquier pausa entre un estímulo y el siguiente.

Víctor Manuel Rodríguez Molina, profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM, explica que el cerebro necesita tiempo para procesar información, decidir y actuar. Sin embargo, las plataformas digitales presentan contenidos a una velocidad muy superior y pueden mantener una demanda constante sobre la atención.

Plataformas digitales reducen las pausas para decidir

El especialista señala que una exposición prolongada a estímulos constantes puede afectar funciones ejecutivas vinculadas con la corteza prefrontal. Esta región participa en procesos como memoria, razonamiento, atención y control de los impulsos.

Cuando existe cansancio, estrés o una demanda continua de concentración, controlar determinadas respuestas puede resultar más difícil. Esto ayuda a explicar la llamada “trampa de la voluntad”: revisar brevemente el teléfono antes de dormir y terminar utilizándolo durante mucho más tiempo.

El problema no depende exclusivamente del autocontrol. Muchas aplicaciones utilizan notificaciones, imágenes, recomendaciones y mecanismos de navegación sencilla para prolongar la interacción. Pasar al siguiente contenido requiere apenas mover un dedo.

Rodríguez Molina propone introducir pequeñas dificultades físicas para romper ese automatismo. Guardar el teléfono en un cajón, mantenerlo lejos o apagarlo obliga a realizar una acción adicional antes de consultarlo.

El descanso también necesita menos estímulos

El especialista denomina “milisegundo de oro” al momento que existe entre sentir el impulso de consultar un dispositivo y realizar la acción. Esa breve pausa puede permitir decidir conscientemente si realmente es necesario hacerlo.

Una relación problemática con los dispositivos puede acompañarse de alteraciones del sueño, cansancio, problemas de memoria y concentración, irritabilidad o inquietud. También pueden aparecer menor actividad física y dificultades para tomar decisiones.

El sueño suele ser uno de los primeros aspectos afectados. Utilizar el móvil como entretenimiento al acostarse puede convertir un momento destinado al descanso en otra fuente de demanda cognitiva. Según Rodríguez Molina, recuperar el equilibrio después de una exposición excesiva puede requerir varias semanas.

La dopamina también interviene en estos comportamientos. Más que una simple sustancia relacionada con el placer, participa en circuitos de motivación y repetición de conductas, como dejar el teléfono y sentir posteriormente la necesidad de revisarlo.

El entorno laboral añade otra dificultad. Correos electrónicos, videollamadas y mensajes pueden extender la conexión más allá del horario de trabajo. Por ello, el especialista plantea considerar el derecho a la desconexión digital y no reducir el problema únicamente a la disciplina individual.

Escribir a mano, caminar, hacer ejercicio, conversar presencialmente o permanecer algunos momentos sin recibir nuevos estímulos puede ayudar a introducir pausas. El objetivo no consiste en eliminar la tecnología, sino en establecer límites que permitan utilizarla sin convertir cada momento libre en una nueva demanda de atención.

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