Automatización, desigualdad y represión según estudio del MIT
La automatización puede transformar mucho más que el mercado laboral. Un nuevo estudio desarrollado por investigadores vinculados al MIT plantea que, bajo determinadas condiciones, el reemplazo de trabajadores por tecnología podría aumentar la desigualdad y generar incentivos políticos para recurrir a la represión.
El trabajo, titulado Automation and Repression, fue elaborado por Daron Acemoglu, Alp Simsek Gitmez y Mehdi Shadmehr. Los investigadores construyeron un modelo económico para estudiar qué ocurre cuando los avances tecnológicos aumentan la participación del capital en la economía mientras disminuye la correspondiente al trabajo.
El punto de partida es relativamente sencillo. Cuando las máquinas realizan tareas anteriormente desempeñadas por personas, los propietarios del capital pueden obtener una proporción mayor de los ingresos generados por la economía.
Sin mecanismos capaces de compensar esa transformación, la automatización puede ampliar la desigualdad entre propietarios del capital y trabajadores. Esto también incrementaría las demandas sociales de redistribución mediante impuestos, transferencias u otras políticas públicas.
Sin embargo, el modelo identifica otra posibilidad. Los sectores que concentran el capital podrían considerar cada vez más costosa esa redistribución y favorecer medidas represivas para contener el descontento.
Los autores encuentran que el costo económico de redistribuir aumenta conforme crece la importancia del capital. En contraste, determinados costos asociados con la represión no necesariamente aumentan al mismo ritmo.
Uno de los escenarios más relevantes comienza con una sociedad democrática. Conforme avanza la acumulación de capital, las decisiones tomadas por la mayoría pueden alejarse progresivamente de los intereses de quienes poseen una mayor proporción de los recursos.
Bajo ciertas condiciones específicas del modelo, llega un momento en que los propietarios del capital podrían preferir respaldar una ruptura del sistema democrático antes que aceptar mayores niveles de redistribución. El resultado sería una transición hacia un régimen más represivo.
Esto no significa que el MIT prediga que la inteligencia artificial o los robots provocarán dictaduras. El estudio desarrolla un modelo teórico que identifica condiciones bajo las cuales ese proceso podría ocurrir.
La distinción resulta especialmente importante ante el rápido desarrollo de la inteligencia artificial. La tecnología puede elevar la productividad y generar nuevas actividades económicas, pero sus consecuencias también dependen de cómo se distribuyan sus beneficios.
El trabajo coloca así el debate sobre automatización dentro de una discusión más amplia sobre instituciones, desigualdad y democracia. Su planteamiento central sugiere que las decisiones políticas que acompañen al cambio tecnológico pueden ser tan importantes como la propia tecnología.
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