Prueba PISA muestra un retroceso educativo global
El desempeño académico de los adolescentes atraviesa un deterioro que va más allá de las fronteras nacionales. Los últimos resultados internacionales muestran dificultades crecientes en habilidades esenciales para aprender, resolver problemas y desenvolverse en entornos cada vez más digitalizados.
La prueba PISA 2025 registró el rendimiento promedio más bajo observado hasta ahora entre los países de la OCDE en lectura, matemáticas y ciencias. Más de 760,000 estudiantes de 15 años participaron en 91 países y economías, una muestra representativa de unos 33 millones de jóvenes.
La OCDE realiza esta evaluación cada tres años para medir la capacidad de aplicar conocimientos, no simplemente memorizarlos. La edición de 2025 fue la más amplia desde el comienzo del programa en 2000.
Los resultados muestran tendencias diferentes según la materia. La lectura retrocede desde su máximo alrededor de 2012. Ciencias mantiene una caída más gradual durante la última década, mientras matemáticas presenta un descenso particularmente marcado desde 2018.
Las jurisdicciones chinas de Pekín, Shanghái, Jiangsu y Zhejiang, junto con Singapur, registraron los mejores desempeños globales.
América Latina permaneció por debajo del promedio de la OCDE y varios países retrocedieron frente a 2022. Costa Rica destacó en ciencias al pasar de 411 a 424 puntos y El Salvador también mejoró en esa materia.
México bajó de 415 a 408 puntos en lectura y de 395 a 388 en matemáticas, aunque avanzó de 410 a 414 en ciencias. Chile descendió 12 puntos en lectura y nueve en matemáticas. Colombia mantuvo resultados generales similares, aunque lectura cayó de 409 a 399.
Argentina retrocedió en las tres áreas. Matemáticas pasó de 378 a 367 puntos, ciencias quedó en 393 y lectura en 389.
España también registró su nivel más bajo desde que participa en la evaluación. Lectura cayó 23 puntos, matemáticas 16 y ciencias ocho. Un tercio de sus estudiantes no alcanzó el nivel mínimo establecido por PISA en lectura ni matemáticas.
La evaluación examinó además la relación entre inteligencia artificial y aprendizaje. Más del 40% de los estudiantes declaró utilizar IA para redactar trabajos una o dos veces por semana o diariamente.
Quienes recurren a estas herramientas para resumir, redactar o investigar obtuvieron alrededor de 20 puntos menos en ciencias que quienes no las usan. Sin embargo, la OCDE advierte que la relación no demuestra por sí sola causalidad y cambia según la finalidad del uso.
Los estudiantes que emplean IA como complemento y reciben formación en alfabetización tecnológica alcanzan resultados similares o ligeramente superiores. Estas oportunidades, no obstante, aparecen con mayor frecuencia entre jóvenes socioeconómicamente favorecidos.
Para la OCDE, el deterioro prolongado apunta a problemas estructurales. La caída en lectura preocupa especialmente porque afecta capacidades necesarias para evaluar información, relacionar fuentes y desarrollar pensamiento crítico en la era digital.
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