MÉXICO

David da Vinci, el niño mexicano que sueña con el espacio

David da Vinci tiene 10 años, un coeficiente intelectual de 162 y una agenda poco habitual para su edad. El niño mexicano imparte conferencias, estudia varios idiomas, prepara un libro y desarrolla una aplicación con inteligencia artificial.

Su nombre es Edgar David Camacho Flores y nació en Querétaro. Aunque sus capacidades superan ampliamente el umbral de 130 puntos asociado con la sobredotación intelectual, rechaza que lo llamen genio. Considera que ese reconocimiento debe reservarse para quienes hicieron aportaciones extraordinarias durante su vida.

David da Vinci encuentra inspiración en un polímata

Leonardo da Vinci representa una excepción. Desde el kínder conoció su historia y quedó fascinado por su capacidad para combinar ciencias, tecnología, ingeniería, matemáticas, artes y humanidades. Esa admiración explica el apellido que adoptó para sus redes sociales.

David fue seleccionado para participar en un programa de entrenamiento espacial en la NASA, en Houston. Allí experimentó gravedad cero y realizó un vuelo asistido. Entre sus aspiraciones está efectuar algún día una cirugía en el espacio y desarrollar empresas tecnológicas.

Actualmente estudia mediante una escuela internacional en línea que podrá certificarlo para ingresar posteriormente a la universidad. Habla español, inglés, francés y alemán. Además, comenzó a estudiar ruso, portugués e italiano.

Del acoso escolar a una aplicación con inteligencia artificial

Sus capacidades también generaron dificultades. David sufrió bullying porque algunos compañeros no comprendían cómo alguien recién llegado podía aprender contenidos rápidamente. La experiencia terminó convirtiéndose en la inspiración para Macayos.

La plataforma utilizará inteligencia artificial para enseñar a niños, mediante dinámicas entretenidas, habilidades relacionadas con el manejo de sus emociones. Su lanzamiento está previsto durante este año.

Su madre, Claudia Flores, detectó durante la pandemia que aprendía considerablemente más rápido que otros estudiantes. Especialistas confirmaron posteriormente sus altas capacidades.

El caso refleja además un problema de identificación. Estimaciones citadas por instituciones especializadas calculan que México podría tener alrededor de un millón de menores superdotados y que muchos permanecen sin diagnóstico adecuado.

David da Vinci quiere utilizar sus capacidades para apoyar a otros menores y contribuir al bienestar colectivo. Sin embargo, insiste en una idea sencilla pese a sus proyectos extraordinarios. Continúa siendo un niño que juega con bloques, visita el parque y todavía tiene toda una vida para aprender.

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REDACCIÓN

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