Técnicas de estudio para aprender mejor en la escuela
Pasar varias horas frente a los cuadernos no siempre significa aprender mejor. Releer repetidamente, memorizar todo antes de un examen o resolver ejercicios idénticos puede generar una sensación de dominio que desaparece cuando llega el momento de aplicar los conocimientos. Por eso, conocer técnicas de estudio respaldadas por investigaciones puede ayudar a estudiantes de primaria y secundaria.
Un metaanálisis publicado en 2026 en la revista científica Educational Psychology Review examinó 53 investigaciones realizadas en contextos escolares, con un total de 7,303 participantes. Los resultados respaldan tres estrategias que pueden mejorar el aprendizaje: recuperar información de memoria, distribuir las sesiones de práctica y combinar diferentes tipos de ejercicios.
Una de las estrategias consiste en intentar recordar lo aprendido sin consultar inmediatamente el libro.
Por ejemplo, después de estudiar un tema de ciencias, el alumno puede cerrar su cuaderno y explicar con sus propias palabras los conceptos principales.
También puede responder preguntas, elaborar un pequeño cuestionario o escribir lo que recuerda antes de revisar sus respuestas.
Esta práctica permite identificar qué conocimientos domina y cuáles necesita repasar. Además, obliga a recuperar información, en lugar de limitarse a reconocerla cuando aparece nuevamente en una página.
El metaanálisis encontró efectos positivos de esta estrategia sobre el aprendizaje, aunque su eficacia varía según el contenido y la manera de evaluar los conocimientos.
La segunda estrategia consiste en distribuir el aprendizaje durante varios días, en lugar de concentrarlo todo en una sola sesión.
Por ejemplo, un estudiante puede practicar las tablas de multiplicar el lunes, repasarlas el miércoles y volver a resolver ejercicios el viernes.
La tercera técnica propone intercalar diferentes problemas. En matemáticas, esto significa combinar sumas, restas y multiplicaciones una vez que los alumnos conocen los procedimientos básicos.
De esta manera, deben reconocer qué operación necesita cada problema, en lugar de repetir automáticamente el mismo procedimiento.
Los investigadores encontraron beneficios promedio de las tres estrategias, aunque advierten que los resultados dependen de factores como la dificultad, la retroalimentación y las características de los estudiantes.
Las familias pueden aplicar estas estrategias mediante actividades breves y constantes, sin convertir cada tarde en una jornada interminable de tareas.
Una opción consiste en preguntar qué aprendieron durante el día, solicitar que expliquen un concepto y revisar juntos aquello que todavía les cuesta comprender.
Los docentes también pueden utilizar cuestionarios cortos, repasos distribuidos y ejercicios variados para identificar dificultades antes de los exámenes.
Es importante que estas actividades permitan equivocarse, recibir orientación y volver a intentarlo. El objetivo es fortalecer el aprendizaje, no aumentar la presión por obtener buenas calificaciones.
En definitiva, aplicar técnicas de estudio basadas en evidencia puede ayudar a aprovechar mejor el tiempo dedicado a las tareas y favorecer una comprensión más duradera de los contenidos escolares.
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