Estudio internacional identifica 58 variantes genéticas vinculadas a la ansiedad y posibles estrategias terapéuticas
Descubren 58 variantes genéticas vinculadas a trastornos de ansiedad

Descubren 58 variantes genéticas vinculadas a trastornos de ansiedad

La ansiedad dejó de ser un fenómeno exclusivamente emocional para convertirse también en un asunto biológico. Un estudio internacional de gran escala reveló que al menos 58 variantes genéticas contribuyen al riesgo de padecer trastornos de ansiedad, marcando un giro crucial en la forma en que se entiende esta condición mental que afecta a uno de cada cuatro adultos en el mundo.

Publicada en Nature Genetics, la investigación reunió datos de más de 120,000 personas con diagnóstico clínico de ansiedad y los comparó con los perfiles genéticos de casi 730,000 individuos sin antecedentes psiquiátricos. El análisis fue liderado por científicos de Texas A&M University, King’s College London y la Universidad de Würzburg, quienes concluyeron que no existe un único “gen de la ansiedad”. En cambio, los factores de riesgo se distribuyen de manera compleja en múltiples puntos del genoma.

Implicaciones terapéuticas y nuevas estrategias moleculares

Además de confirmar la base hereditaria de la ansiedad, el estudio descubrió coincidencias genéticas entre esta condición y otros trastornos como la depresión, el estrés postraumático y el neuroticismo. Esta superposición apunta a mecanismos biológicos comunes y podría explicar por qué estos cuadros suelen presentarse de forma conjunta.

Una de las vías moleculares identificadas con mayor consistencia es la señalización GABAérgica, esencial en la regulación de la actividad cerebral. El sistema GABA ya es objetivo de varios medicamentos ansiolíticos, pero los hallazgos recientes sugieren rutas alternativas que aún no se habían explorado. Estas nuevas dianas moleculares podrían inspirar tratamientos más personalizados en el futuro.

Aunque los investigadores reconocen que aún no se puede usar esta información para diagnósticos clínicos, el avance permite trazar mapas más precisos de vulnerabilidad genética. También allana el camino para desarrollar estudios con cultivos celulares y modelos animales que ayuden a entender el impacto real de estas variantes en el cerebro humano.

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