En Mazatlán, como en muchas ciudades de México, los siniestros viales no son simples hechos fortuitos. Cada accidente tiene detrás una decisión mal tomada, una omisión o una falta de conciencia al volante. La realidad es clara: cada vez que alguien ignora un semáforo, se distrae con el celular o no respeta los límites de velocidad, contribuye a una cadena de errores que puede terminar en tragedia.
Desde la Coordinación de Educación Vial del municipio, se ha reiterado que los percances no son accidentes imprevisibles, sino eventos evitables. El reto, entonces, no es solo sancionar después del daño, sino formar ciudadanos que comprendan su responsabilidad al manejar. Esa transformación comienza en las aulas, se fortalece en casa y se replica en las calles.
Educación vial y conciencia ciudadana
La educación vial no es un complemento, es una necesidad. Las autoridades de Mazatlán han confirmado que más del 90% de los incidentes de tránsito están relacionados con fallas humanas. No se trata únicamente de enseñar señales de tránsito, sino de cultivar empatía, respeto por la vida y conciencia del riesgo.
Además, los programas municipales han destacado la importancia de llegar a los niños y jóvenes. Sembrar valores desde edades tempranas permite que las futuras generaciones integren la seguridad vial como parte de su ética cotidiana. Del mismo modo, capacitar a motociclistas y automovilistas sobre normas básicas puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Para seguir avanzando, también se requiere voluntad política e infraestructura segura. No basta con campañas temporales. Es necesario invertir de forma sostenida en semáforos funcionales, pasos peatonales visibles y vigilancia efectiva.
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