La violencia contra las mujeres no comienza en la calle ni termina en las cifras. Se gesta en creencias cotidianas, gestos normalizados y omisiones históricas dentro del sistema educativo. En México, esta realidad se enfrenta con una estrategia nacional que reconoce a la escuela como un espacio decisivo para transformar la cultura patriarcal que sostiene múltiples formas de violencia.
La Secretaría de Educación Pública reafirmó su compromiso con la implementación de la perspectiva de género en todos los niveles educativos. Esta acción se enmarca dentro del Plan Nacional de Desarrollo y responde a una exigencia urgente: frenar la reproducción de estereotipos que limitan a niñas, adolescentes y mujeres en su desarrollo académico, personal y social.
Los Lineamientos Generales para la Igualdad y la Erradicación de la Violencia establecen que docentes, personal directivo y administrativo deben recibir formación continua en igualdad de género, derechos humanos y prevención de violencia. Esta formación se complementa con materiales educativos renovados, revisión de contenidos curriculares y protocolos claros para atender casos de violencia de género en el ámbito escolar.
La educación como herramienta de prevención
La escuela no solo transmite conocimientos; también moldea actitudes y valores. Por eso, integrar la perspectiva de género en la educación significa cuestionar roles tradicionales, visibilizar las desigualdades y construir relaciones más equitativas desde las aulas. Esta transformación no se limita a materias específicas, sino que atraviesa toda la experiencia educativa.
Del mismo modo, se impulsa la participación de madres, padres y cuidadores como aliados fundamentales. La comunidad escolar debe convertirse en un entorno seguro y formativo para todas las personas, sin excepción.
En México, 7 de cada 10 mujeres han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, según datos del INEGI.
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