La curiosidad acompañó a Jane Goodall desde la infancia. Mucho antes de convertirse en una de las figuras más influyentes de la primatología, observaba insectos y animales con una atención que terminaría definiendo su trayectoria científica.
Nacida el 3 de abril de 1934 en Londres, desde niña soñaba con viajar a África y vivir entre animales salvajes. Su madre, Margaret, respaldó aquella aspiración cuando otros la consideraban imposible para una mujer. Años después, Goodall ahorró para viajar a Kenia, donde conoció al antropólogo Louis Leakey y recibió la oportunidad que transformaría su vida.
Llegó a Tanzania el 14 de julio de 1960 como una joven sin formación científica universitaria convencional. Las autoridades coloniales británicas inicialmente se resistieron a permitir que se internara en la selva. Finalmente aceptaron con una condición: debía ir acompañada. Su madre viajó con ella.
Jane Goodall revolucionó el estudio de los chimpancés
Su falta de preparación académica formal terminó favoreciendo una observación menos condicionada por las ideas científicas predominantes. En Gombe descubrió que los chimpancés fabricaban y utilizaban herramientas.
Goodall los observó retirar las hojas de pequeñas ramas e introducirlas en agujeros para extraer termitas. El hallazgo cuestionó la idea de que fabricar herramientas constituía una característica exclusivamente humana.
Sus observaciones revelaron además que los chimpancés son omnívoros y mantienen comportamientos sociales complejos. Se abrazan, besan, juegan y hacen cosquillas, pero también pueden ejercer violencia contra otros miembros de su especie.
Goodall permaneció más de dos décadas estudiando generaciones de chimpancés en Gombe. Esa investigación prolongada reforzó la importancia de observar a los animales en su ambiente natural y durante periodos extensos, en lugar de limitar el análisis a zoológicos o estudios breves.
Una científica que llevó la conservación más allá de Gombe
Su trabajo también modificó la relación del público con los animales. Una fotografía tomada por su entonces esposo, Hugo van Lawick, la mostró extendiendo una mano hacia Flint, el primer chimpancé nacido en Gombe después de su llegada. Para Goodall, aquella imagen ayudaba a comprender que los seres humanos forman parte del reino animal y no existen separados de él.
A mediados de la década de 1980 ya había dedicado más de 20 años a investigar chimpancés, obtenido un doctorado, criado a su hijo y fundado el Instituto Jane Goodall. Entonces amplió su trabajo hacia el activismo internacional.
Publicó libros, recorrió numerosos países y convirtió la sostenibilidad ambiental y el bienestar animal en temas centrales de sus intervenciones públicas. Mr. H, un mono de peluche obsequiado por el veterano estadounidense ciego Gary Haun, la acompañó por más de 60 países como símbolo de esperanza y resiliencia.
Su trayectoria también abrió espacios para otras científicas. Mark Wright, director científico de WWF, destacó que demostró que las mujeres podían realizar investigación de campo de primer nivel. Gilbert M. Grosvenor, expresidente de National Geographic Society, consideró que abrir camino a generaciones de primatólogas podría ser incluso su mayor legado.
Dian Fossey, Birute Galdikas, Cheryl Knott y Penny Patterson estuvieron entre las investigadoras que siguieron caminos similares. Goodall demostró además que la observación directa, la constancia y una mirada libre de prejuicios podían transformar preguntas aparentemente sencillas sobre los animales en conocimiento científico capaz de cambiar nuestra comprensión de otras especies.