Las olas de calor son cada vez más frecuentes e intensas, por lo que elegir correctamente qué vestir puede marcar una diferencia en la temperatura corporal. La ciencia muestra que no basta con optar por prendas blancas: el ajuste, el tejido, la humedad ambiental y la capacidad de permitir que el sudor se evapore resultan incluso más importantes que el color.
Investigadores calculan que utilizar prendas adecuadas podría permitir aumentar dos grados la temperatura del aire acondicionado sin perder comodidad. A largo plazo, este cambio reduciría el consumo de energía, el gasto económico y las emisiones de gases de efecto invernadero.
La ropa holgada favorece la circulación del aire
El blanco refleja buena parte de la radiación solar, mientras que el negro la absorbe. Sin embargo, el cuerpo también emite calor y las prendas blancas pueden reflejar parte de esa energía hacia la piel.
Un estudio realizado con comunidades beduinas descubrió que las túnicas negras no aumentaban la exposición térmica frente a las blancas. La clave estaba en su amplitud. El tejido oscuro calentaba el aire situado entre la prenda y el cuerpo, generaba una corriente ascendente y expulsaba el calor antes de que alcanzara la piel.
Por esta razón, el ajuste puede ser más relevante que el color. En ambientes con viento, las prendas amplias facilitan la ventilación. Cuando se usan diseños ceñidos, el blanco puede resultar más conveniente porque absorbe menos radiación solar.
Las telas con textura, como el seersucker o el piqué, también ayudan al separar parcialmente el tejido de la piel. Esa pequeña distancia mejora la circulación del aire y evita que la prenda se adhiera al cuerpo.
El tejido cambia su eficacia según la humedad
En un clima seco, el sudor puede evaporarse con relativa facilidad. En lugares húmedos, el aire ya contiene una gran cantidad de vapor de agua y dificulta ese proceso. Por ello, conviene elegir materiales que permitan pasar la humedad y no bloqueen la evaporación.
El algodón es transpirable y absorbe el sudor, pero tarda en secarse y puede permanecer mojado durante mucho tiempo. El lino también ofrece una excelente ventilación gracias a sus fibras grandes, aunque comparte esa lentitud de secado.
La lana merino permite que el aire circule, aleja la humedad de la piel y retiene menos olores. El nailon y el poliéster, habituales en prendas deportivas, secan rápidamente y transportan el sudor hacia el exterior, pero pueden acumular olores o sentirse incómodos cuando se mojan.
Los investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts señalan que los tejidos ideales deberían reflejar la luz visible y permitir que la radiación infrarroja producida por el cuerpo escape hacia el exterior. Para conseguirlo, han experimentado con fibras extremadamente delgadas de nailon y poliéster.
Otros equipos desarrollan materiales adaptativos capaces de modificar el espacio entre sus fibras cuando aumenta la temperatura. Al separarse, dejan salir una mayor cantidad de calor. También existen prototipos con tiras que se curvan en ambientes cálidos y materiales de cambio de fase que absorben energía mientras se derriten.
Mojar una prenda puede ofrecer un alivio adicional. El agua necesita energía para evaporarse y la toma del calor corporal, lo que enfría la piel. Sin embargo, esta estrategia funciona mejor cuando el ambiente permite la evaporación.
Usar menos prendas favorece el intercambio de calor, pero la protección frente a la radiación ultravioleta sigue siendo prioritaria. En días extremos, la mejor combinación consiste en elegir prendas ligeras, amplias, transpirables y adecuadas para el nivel de humedad.