Una yegua que cuida, acaricia y acompaña no solo garantiza la supervivencia de su cría, también moldea su cerebro. Investigadores del Instituto Nacional de Investigación para la Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (INRAE) en Francia comprobaron que el amor materno influye en la maduración neurológica de los caballos jóvenes, con efectos duraderos en la memoria y el comportamiento.
El estudio, publicado en enero de 2026, observó a 46 potros desde sus primeros días de vida. El equipo midió los vínculos afectivos con sus madres y realizó pruebas de memoria meses después. Los potros con apego seguro mostraron mayor desarrollo en la zona hipocampal, relacionada con el aprendizaje y las emociones.
La crianza positiva tiene efectos medibles en el cerebro
Del mismo modo, aquellos que crecieron sin contacto físico constante o con madres poco atentas registraron menor rendimiento en ejercicios de memoria espacial. La evidencia sugiere que el cuidado temprano impacta de forma tangible en las conexiones neuronales, más allá del bienestar emocional.
Este hallazgo recuerda el valor de la crianza sensible en múltiples especies. En los caballos, una crianza positiva no solo facilita el manejo humano, también optimiza el potencial cognitivo del animal. Los resultados invitan a profundizar en la comprensión del vínculo madre-cría como un factor determinante en la calidad de vida y desarrollo de los seres vivos.
Además, el informe destaca que las huellas del vínculo afectivo no se borran con el tiempo. En potros analizados a los ocho meses, el apego temprano seguía influyendo en su conducta y capacidad para enfrentar estímulos nuevos.
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