En las aulas mexicanas, la convivencia escolar se transforma cuando los estudiantes son percibidos como “buena onda”. Lejos de tratarse de una etiqueta superficial, investigaciones recientes señalan que este rasgo está vinculado con una personalidad equilibrada y, en muchos casos, con altos niveles de inteligencia emocional.
Así lo demuestra un estudio liderado por la psicóloga Vanessa Van Edwards y retomado en 2025 por Independent en Español, donde se detallan las características que definen a las personas más agradables y emocionalmente inteligentes.
Entre los rasgos destacados se encuentran la autenticidad, la capacidad de escuchar activamente, el contacto visual sincero, la empatía y el uso frecuente del nombre propio en las interacciones. Estas señales no solo facilitan relaciones personales saludables, sino que también fortalecen los lazos comunitarios en espacios educativos, familiares y laborales. En el contexto pedagógico, reconocer estas habilidades puede mejorar el clima de aprendizaje y prevenir conflictos.
Rasgos de personalidad que transforman el entorno
El informe subraya que las personas percibidas como “buena onda” tienden a generar confianza de forma natural. Además, suelen mostrar entusiasmo genuino al interactuar, recordar detalles importantes de los demás y mantener una postura corporal abierta. Estas señales no verbales refuerzan una percepción positiva y fomentan vínculos de respeto mutuo. Al aplicarse en entornos escolares, estas cualidades pueden inspirar prácticas educativas más humanas, donde la formación emocional sea tan relevante como la académica.
En un escenario educativo cada vez más enfocado en habilidades blandas, cultivar actitudes empáticas deja de ser un plus para convertirse en una necesidad. Un estudio del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), actualizado en agosto de 2025, confirma que los ambientes escolares positivos influyen directamente en la retención escolar y el desarrollo integral del alumnado.