Yayoi Kusama, la artista japonesa que convirtió los lunares, las calabazas y los espacios infinitos en un lenguaje artístico reconocido en todo el mundo, murió a los 97 años. El Museo Yayoi Kusama y la galería David Zwirner anunciaron su fallecimiento el 26 de agosto e informaron que ocurrió el día 14 en Tokio.
Nacida en Matsumoto, Japón, Kusama se trasladó a Nueva York a finales de la década de 1950. Allí se integró a la vanguardia y desarrolló una obra que abarcó pintura, escultura, instalaciones, performance, literatura y poesía.
Sus característicos lunares surgieron de las alucinaciones que experimentaba desde niña. Durante los años sesenta los convirtió en parte de su concepto de “autoaniquilación”: repetir patrones hasta que personas, objetos y espacios parecieran fundirse con su entorno.
Yayoi Kusama convirtió el infinito en una experiencia artística
En 1965 presentó su primera Infinity Mirror Room, una instalación construida con espejos que genera la sensación de un espacio interminable. Décadas después, estas salas atraerían a millones de visitantes y transformarían a Kusama en una de las artistas contemporáneas más populares.
También desafió las reglas del mundo artístico. En la Bienal de Venecia de 1966, sin haber sido invitada, colocó 1,500 esferas espejadas cerca del pabellón italiano y comenzó a venderlas por dos dólares bajo el lema “Your Narcissism for Sale”, hasta que los organizadores detuvieron la acción.
Otra de sus obras emblemáticas, The Obliteration Room, presentada por primera vez en 2002, invitaba al público a cubrir con adhesivos de colores una habitación completamente blanca.
Su estética también llegó a la moda. Colaboró con Louis Vuitton en 2012 y volvió a trabajar con la firma en 2023 en una colección de más de 400 artículos inspirados en sus motivos visuales.
De la marginación al reconocimiento internacional
Kusama también enfrentó frustraciones durante su estancia en Estados Unidos al considerar que artistas hombres como Andy Warhol, Claes Oldenburg y Lucas Samaras recibían mayor reconocimiento por propuestas similares a ideas que ella había desarrollado.
Regresó a Japón y en 1977 ingresó voluntariamente a un hospital psiquiátrico de Tokio. Mantuvo un estudio cerca de la institución y continuó trabajando prácticamente todos los días durante el resto de su vida.
Su reconocimiento internacional creció con los años. En 1993 se convirtió en la primera artista japonesa en representar individualmente al país en la Bienal de Venecia. Recibió el Premio Asahi en 2001 y protagonizó grandes exposiciones internacionales.
En 2022, una de sus pinturas alcanzó cerca de 10.5 millones de dólares en una subasta. La Tate Modern de Londres también convirtió sus Infinity Mirror Rooms en una de sus exposiciones más exitosas.
Kusama deja una obra que transformó la experiencia del arte contemporáneo y convirtió su obsesión por los puntos, los reflejos y el infinito en un lenguaje universal.