Jóvenes estudiantes sonrientes en un aula iluminada reflejan cómo la felicidad mejora la salud mental y física en entornos educativos
La salud emocional influye directamente en el sistema inmunológico

La salud emocional influye directamente en el sistema inmunológico

La felicidad ya no es solo un ideal abstracto. En México, distintas investigaciones científicas han comenzado a mostrar que sentirse bien tiene efectos físicos y mentales medibles. Desde 2025, se han publicado estudios que indican cómo la alegría, el optimismo y la gratitud fortalecen el sistema inmunológico, mejoran la memoria y promueven relaciones sociales más sanas.

Esto adquiere relevancia en un país donde los retos socioemocionales afectan directamente el rendimiento educativo. Docentes y expertos han señalado que alumnos emocionalmente estables no solo aprenden mejor, también colaboran con mayor facilidad y se adaptan a los cambios con resiliencia.

Felicidad: una herramienta educativa

Una emoción positiva, como la alegría, puede reducir los niveles de cortisol, hormona relacionada con el estrés. En consecuencia, estudiantes expuestos a entornos emocionales positivos presentan menor ansiedad, mejores niveles de concentración y mayor interés por el aprendizaje. La neuroeducación ha comenzado a incorporar estas evidencias para transformar la forma en que se concibe la enseñanza.

Además, la ciencia ha documentado que las emociones positivas activan zonas cerebrales relacionadas con la creatividad, resolución de problemas y toma de decisiones. En entornos escolares, esto significa jóvenes más preparados para enfrentar desafíos con pensamiento crítico y empatía.

Un estudio reciente de la UNAM publicado en septiembre de 2025 reveló que adolescentes que practican la gratitud de forma regular muestran una reducción de hasta 30% en síntomas de ansiedad. Esta práctica, aunque sencilla, refuerza las conexiones neuronales asociadas al bienestar, lo que a largo plazo impacta en la salud física y en la construcción de relaciones más sólidas.

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