Ajolotes en laboratorio de Culiacán estudiados por su capacidad regenerativa y vínculo con el cáncer
Ajolotes y cáncer: la educación científica que nace en Culiacán

Ajolotes y cáncer: la educación científica que nace en Culiacán

Dentro de una sala adaptada como laboratorio en Culiacán, Sinaloa, se resguardan 24 ajolotes vivos que podrían contener claves esenciales para la medicina del futuro. Estos pequeños anfibios, conocidos por su capacidad de regenerar órganos, tejidos y extremidades, están siendo estudiados por científicos mexicanos que buscan descifrar su genoma y entender cómo logran controlar la multiplicación celular sin desarrollar tumores, como ocurre en los casos de cáncer humano.

Claudia Villalobos, bióloga y docente de la Universidad Autónoma de Sinaloa, lidera un proyecto de conservación y reproducción en cautiverio que resguarda esta especie emblemática de México. En su laboratorio provisional, la especialista mantiene condiciones precisas de temperatura, oxígeno y composición del agua, indispensables para la salud de los ajolotes. Conservar este entorno controlado permite no solo su supervivencia, sino también la continuidad de estudios científicos con potencial terapéutico.

Ajolotes y cáncer: un recurso biocultural en riesgo

El genoma del ajolote, con más de 32 mil millones de pares de bases, es diez veces más grande que el del ser humano. Este volumen genético ofrece múltiples oportunidades para la investigación en medicina regenerativa. Villalobos advierte que la pérdida de esta especie implicaría también perder el acceso a información clave para tratar enfermedades como el cáncer.

La población silvestre de ajolotes ha caído drásticamente: de 6 mil ejemplares a solo 36 en Xochimilco, según datos de 2024 de la UNAM. Por ello, los proyectos como el de Villalobos resultan vitales. Además de preservar la especie, se busca evitar la pérdida de mecanismos naturales de regeneración que podrían inspirar tratamientos oncológicos.

Los ajolotes conservan características juveniles durante toda su vida, lo que les permite una regeneración celular continua. Esta peculiaridad es hoy una de las pistas más prometedoras para entender cómo se podrían frenar ciertas enfermedades degenerativas o cancerígenas en humanos.

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