En las aulas, en los hogares y en los espacios públicos de España, el vínculo entre adolescentes y pantallas es cada vez más estrecho. Este fenómeno no es nuevo, pero sí lo es la intensidad con la que se vive hoy. Mientras la tecnología ofrece oportunidades educativas y de socialización sin precedentes, los especialistas en salud mental y educación advierten que la exposición constante a dispositivos móviles puede desencadenar efectos negativos que suelen pasar desapercibidos.
El impacto emocional detrás de la hiperconexión
La evidencia más reciente apunta a que el uso excesivo de redes sociales entre adolescentes está directamente relacionado con síntomas de ansiedad, dificultades para dormir y una percepción distorsionada de la realidad.
Aunque muchos padres ven en los móviles una herramienta de entretenimiento o compañía, los expertos coinciden en que el contenido digital, especialmente cuando no se regula, puede tener un efecto adictivo. Además, la constante comparación social que generan las plataformas puede afectar la autoestima y la construcción de identidad durante una etapa particularmente vulnerable del desarrollo.
El papel de las escuelas y las familias es clave para revertir esta tendencia. No se trata de prohibir el acceso a la tecnología, sino de educar en su uso consciente. Instituciones en varias comunidades autónomas han comenzado a aplicar estrategias de alfabetización digital que enseñan a los adolescentes a identificar riesgos, gestionar su tiempo en línea y desarrollar un pensamiento crítico frente al contenido que consumen. Estas iniciativas, aún en expansión, marcan un camino posible hacia una convivencia más sana con las pantallas.
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